Aprender, tambiéncon el Mundial

Serbia y Montenegro

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Serbia y Montenegro, heredera directa de la Selección de fútbol de la ex Yugoslavia, es otro de los huesos duros de roer para el equipo argentino.

De la mano del delantero Mateja Kezman, su inesperado triunfo sobre España en la etapa clasificatoria la colocó en el podio de su grupo, iniciando así su camino en los mundiales.

Su historia como nación también es reciente. Yugoslavia existió como Estado con diferentes formas y nombres desde la desintegración del Imperio Austrohúngaro en 1919 hasta la caída de la Unión Soviética, a principios de la década de los noventa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el líder comunista Josep Broz, más conocido como Tito, combatió a las tropas alemanas de Adolfo Hitler.

Tito creó la República Federal de Yugoslavia en 1945, para que convivieran en armonía numerosos pueblos, etnias, idiomas y religiones.

Todo estalló tras la muerte de Tito en 1980, y la desaparición de la Unión Soviética. Así nacieron Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina como cuatro Estados independientes. Serbia y Montenegro se mantuvieron unidos.

El proceso de disgregación de Yugoslavia derivó en conflictos armados, enfrentamientos religiosos, abusos de poder y la muerte de más de 300.000 personas.

Pueblos enteros, décadas de convivencia pacífica, símbolos de pertenencia histórica y religiosa quedaron destruidos.

Slobodan Milosevic, el presidente de Yugoslavia, fue considerado uno de los principales responsables de las masacres. En 1999 Estados Unidos bombardeó Yugoslavia, y en octubre de 2000 una rebelión popular, dirigida por miles de jóvenes, derrocó a Milosevic, que fue trasladado a la Corte Internacional de La Haya para ser juzgado. Allí murió en marzo de 2006.

Desde febrero de 2003, la denominación Serbia y Montenegro sustituye oficialmente a Yugoslavia. Ocupa una superficie de 102.000 kilómetros cuadrados.

Cubierto en su mayor parte por montañas, una de las principales riquezas del país son sus minerales: cobre, carbón, plomo, bauxita y zinc.

En Serbia y Montenegro conviven bajo una misma bandera casi once millones de habitantes, en su mayoría serbios, albaneses y montenegrinos.

El sesenta y cinco por ciento de la población profesa la religión ortodoxa, el diecinueve por ciento la musulmana, y la católica sólo un cuatro por ciento.
El idioma oficial es el serbio, aunque también se hablan albanés, húngaro y esloveno.

Aunque constituyen un único Estado, ambas repúblicas sólo comparten el Presidente, el Parlamento y políticas en cuanto a defensa, comercio, derechos humanos y relaciones internacionales.

La capital serbia es Belgrado, y la montenegrina, Podgorica. Ni siquiera tienen una misma moneda: en Serbia se utiliza el dinar, y en Montenegro el euro.

La compleja actualidad del país parece desvanecerse frente al Mundial de Fútbol, una pasión que no distingue entre identidades y creencias.