educ.ar Ministerio de Educación , Ciencia y Tecnología
 
 
Home CDHome Experiencias de educación intercultural Educación intercultural bilingüe. Debates, experiencias y recursos CD N° 9 - Colección educ.ar
 
   
Experiencias de enseñanza del Mapuzugun en áreas urbanas - Experiencias de educación intercultural | Sur
Versión para imprimir
Provincia Neuquén
Departamento Confluencia
Localidad Ciudad de Neuquén y Zapala
Institución Organización Mapuche
Autor/es Fresia Mellico
Etnias/Grupo de origen Mapuche
Tipo de gestión p/e organización civil sin fines de lucro
Localización urbano/local urbano
Lengua/variedad dialectal

mapuzungun, castellano

Mapa de la argentina resaltando la ubicación de jujuy

Introducción

La identidad cultural del pueblo Mapuche, desde tiempos inmemoriales, se desarrolló en el terri­torio ubicado desde la provincia de Buenos Aires hacia el sur, hasta parte de Santa Cruz en lo que hoy es la Argentina , y desde la VIII Región hasta el territorio actualmente ocupado por el Esta­do chileno. En todo ese espacio territorial nace y se desarrolla el Mapuzugun -habla de la tie­rra, idioma del pueblo mapuche-. Hasta antes de la ocupación del territorio por las repúblicas de Chile y Argentina, el idio­ma mapuche era nuestro idioma madre, que se desarrolló y evolucionó naturalmente en ese es­pacio, como sucede con cualquier idioma del mundo.

Luego de las campañas militares llevadas a cabo a ambos lados de la cordillera se trastrocaron todas las expresiones culturales de nuestro pueblo, causando una lenta y paulatina pérdida de la identidad del ser mapuche. Después de la pérdida de nuestro territorio y sometidos ahora por dos Estados, comenzamos a vivir una situación de dominación y debilitamiento en todos los sen­tidos, tanto económico como político, social y cultural.Junto con el asentamiento de pueblos y ciudades en nuestro ancestral espacio geográfico, llegaron también las instituciones estatales como la escuela, institución educativa que tenía como primera función "producir" argentinos y chilenos (función que aún hoy sigue cumpliendo), lo que obviamente termina casi con la totalidad de nuestra expresión cultural como pueblo.

Como resultado de todo lo anterior, el mapuzugun poco a poco dejó de ser nuestro idioma materno, ya que en su lugar se fue utilizando cada vez más el castellano. Desde luego, esto no sucedió como una elección voluntaria, sino como un proceso de imposición cultural violenta.

Como producto de este proceso, la idiosincrasia, la cosmovisión y la forma de vida mapuche han ido desapareciendo de nuestra existencia. A su vez, esto ha traído como consecuencia un estado de confusión, marginación y pobreza, a tal punto que ha puesto en primer plano la lucha por la supervivencia, dejando de lado las manifestaciones culturales que nos identificaban y nos permitían desarrollar nuestras vidas naturalmente, como cualquier grupo humano de este planeta.

El Mapuzugun

La realidad de la lengua mapuche varía mucho a lo largo del espacio geográfico donde siempre se habló. La situación de la misma es muy distinta a ambos lados de la cordillera, tanto en Puel Mapu -espacio ubicado al este de la cordillera-, como en Gulu Mapu -espacio ubicado al oeste de la cordillera-. Asimismo, también difiere mucho al interior de cada uno de estos espacios.

En Puel Mapu se pueden observar tres situaciones distintas del estado del mapuzugun. Por un lado, existen lugares donde la vitalidad del idioma mapuche está casi intacta, es decir, que se sigue usando como idioma madre, aunque vale aclarar que son excepciones en este marco de constante pérdida del idioma. Por otro lado, están los lugares -que son la mayoría-, en donde el mapuzugun no se habla casi nada en la vida cotidiana, pero sí en determinados momentos de la vida cultural mapuche. Finalmente, están los lugares en los cuales se ha perdido la casi totalidad del idioma.

Toda esta visión general está referida a zonas rurales en donde, mínimamente, se puede vivir la cultura mapuche.

Luego, tenemos también la situación del idioma en zonas urbanas, donde hoy vive un gran porcentaje de población mapuche. Allí, nuestra identidad cultural no tiene probabilidad de sobrevivir si no nos ingeniamos de alguna manera para mantenerla.

En este sentido, si bien se puede percibir mucha subordinación, vergüenza y confusión en los mapuche en general en cuanto a identificarse como tales, por otro lado hay un creciente interés de los mismos por reencontrarse con su identidad originaria. Para hacerlo, casi siempre empiezan por querer conocer el idioma, porque entienden que a través de él se encontrarán con el pensamiento mapuche.

El mapuzugun como aspecto central en el proceso de recuperación de nuestra identidad como pueblo

Lo que voy a relatar no es la experiencia de una institución escolar formal, sino la de una mapuche que, al conocer e insertarse cada vez más en la cultura occidental, fue tomando conciencia de su propia realidad y de las particularidades de su cultura. A partir de esto decidió tomar parte de una organización mapuche en la ciudad, la que se constituyó con personas que poco a poco fueron entendiendo y comprendiendo la problemática global y compleja de su pueblo.

En este marco, todas las actividades y en particular, la enseñanza del mapuzugun se realizaron sin ningún apoyo de instituciones estatales, porque entendíamos que debíamos ser autogestivos en nuestras demandas, ya que se trataba de renacer nuevamente como pueblo originario, para así contrarrestar las diferentes formas de negación que implementaba e implementa el Estado hasta el día de hoy.

Como nuestra preocupación no era únicamente la "educación", tal como es entendido este término, sino la problemática global de la imposición de una cultura sobre la otra, las experiencias de enseñanza que comenzaron a realizarse apuntaron a crear conciencia en la sociedad en general de la realidad pluricultural de este país y en particular, a concienciar a los mapuche de su propia historia político-social y cultural como pueblo.

Así, puedo mencionar charlas, talleres y cursos abiertos en distintos lugares de la región ancestral mapuche, cursos de mapuzugun destinados únicamente a mapuche adultos y niños, y finalmente, clases radiofónicas que llegaron a un amplio sector urbano y rural en la provincia del Neuquén y en la provincia de Buenos Aires.

Experiencias educativas

Las charlas, talleres y cursos abiertos tuvieron sus comienzos en la ciudad de Buenos Aires en 1986 aproximadamente, impulsados por la necesidad de dar a conocer la cultura e interesar a los no mapuche preocupados por conocer mejor el país donde les tocó nacer. A estas actividades abiertas se acercaron también otros mapuche hablantes y no hablantes del mapuzugun, que con el tiempo pasaron a formar parte del trabajo organizado que veníamos realizando.

A mí, personalmente, estas primeras experiencias me permitieron crecer en la profundización del idioma mapuche y darme cuenta de que para enseñar no basta con saber hablar, por lo cual, a medida que fui avanzando en la enseñanza, me fui perfeccionando también en el mapuzugun.

Los resultados de estas actividades, en general, fueron satisfactorios para el objetivo que nos habíamos propuesto. En aquel tiempo, en el cual el desconocimiento era muy grande, logramos instalar mínimamente la idea de que la cultura mapuche estaba vigente. Lo más importante de esta experiencia fue la posibilidad de detectar a otros hermanos mapuche, que, aun cuando fueran escasos en número, significaban para nosotros un gran logro, ya que en esos años sus posibilidades de acceso a la cultura mapuche en un medio tan grande como Buenos Aires, eran inexistentes.

Con el objetivo de relacionarnos cada vez más con nuestras raíces culturales, nos trasladamos a un lugar donde entendíamos que había más posibilidades de contacto directo con las mismas. Así, nos establecimos en la provincia del Neuquén, lugar donde continué con las experiencias de enseñanza del idioma mapuche y comencé otras nuevas. Esta vez era una realidad distinta, con mucha presencia mapuche, que no se visualizaba pero estaba, y con la existencia de organizaciones mapuche.

Desde Neuquen comenzamos a relacionarnos con otros grupos de mapuche de otras provincias, con los que más tarde coordinamos actividades conjuntas en relación con este mismo aspecto de la recuperación de nuestro idioma.

En esta etapa, las actividades de enseñanza se dirigieron directamente a las organizaciones mapuche, dado que el idioma era una de sus grandes carencias. Como ya dije antes, en la ciudad nuestra cultura prácticamente se pierde. Por ello, una de las formas que encontraron los mapuche integrantes de esas organizaciones para recordar algo de lo que habían perdido, fue juntarse y organizarse para comenzar a acompañar algunas demandas generales, ya sea de tierra, de mensuras de las mismas, de apoyo a realización de trámites de los hermanos de las zonas rurales, etcétera.

Luego, a medida que su conciencia crecía, aparecía la necesidad de introducirse en la cosmovisión o filosofía de vida expresada en la cultura de nuestro pueblo. Ello era posible conociendo el idioma. Esta fue una de las razones por las que comencé a dictar clases de mapuzugun a distintas organizaciones de Neuquén y Río Negro.

Lo ideal hubiera sido que estos hermanos aprendieran el idioma. No fue lo que sucedió, pero fue un gran paso en cuanto a la incorporación de algunos conceptos, vocablos y expresiones mapuche, que comenzaron a utilizar cotidianamente entre ellos.

Antes de pasar por esta experiencia, la identidad del ser mapuche estaba casi totalmente ausente en ellos; eran organizaciones similares, en sus objetivos, a cualquier otra organización social en la ciudad. Sin embargo, como consecuencia de esta experiencia surgió una modificación en la visión que hasta entonces prevalecía sobre la problemática del pueblo mapuche. En consecuencia se modificaron también los objetivos de dichas organizaciones.

El hecho de que no hayan aprendido el mapuzugun se explica por varias razones. En parte, se debe tener en cuenta que se trataba de comienzos y todos estábamos experimentando. En segundo lugar, no existía una metodología definida. Además, como el idioma mapuche es de expresión oral, también se dificultaba la enseñanza.

Otro obstáculo radicaba en el hecho de que las experiencias previas de enseñanza sistemática de un idioma con estas características eran escasas y no estaban difundidas. Finalmente, otro elemento importante en este sentido es: hasta dónde el interesado está convencido de aprender y hasta dónde dimensiona las implicancias del aprendizaje de un idioma, esto es, el tiempo y el esfuerzo necesario para ello.

Una vez finalizada aquella etapa, vimos la necesidad de sistematizar la rica experiencia acumulada, lo que permitió el nacimiento de un equipo de trabajo específico en relación con la educación, con el objetivo de reafirmar y proyectar la identidad cultural mapuche centrada en el idioma: el equipo de educación mapuche Mapuncezugulekayayiñ ("Seguiremos hablando el idioma de la tierra").

En este marco se llevaron y llevan a cabo numerosas experiencias educativas con excelentes resultados:

  • Cursos destinados a niños mapuche.
  • Cursos destinados a adultos mapuche.
  • Clases abiertas de idioma y cultura mapuche.
  • Talleres para docentes.
  • Cursos de perfeccionamiento para docentes del nivel primario.
  • Cursos destinados a alumnos secundarios.
  • Charlas en escuelas primarias para alumnos del segundo ciclo.
  • Clases radiofónicas de Mapuzugun.
  • Presentación de ponencias en congresos.
  • Recuperación del "Wiñoy Xipantu"- Año nuevo Mapuche.
  • Recuperación del "Katan Kawiñ" - Ceremonia realizada a las niñas cuando están en el proceso de pasar a la adultez.
  • Otros.

A los fines del presente trabajo, con el propósito de no extenderme en demasía, describiré, de las experiencias enumeradas más arriba, solamente aquellas que a mi criterio resultan más representativas de la variedad de tareas educacionales realizadas.

Cursos de Mapuzugun para niños mapuche en la ciudad de Neuquén

Nacieron a raíz de las vivencias experimentadas por nosotros mismos, de marginación y discriminación sufridas a nivel de la sociedad en general y particularmente en los establecimientos escolares a los que asistimos. Además, en ninguna etapa de la educación que allí se imparte se hace referencia a la historia objetiva de lo sucedido en el tiempo de la Conquista.

Como no estaba a nuestro alcance resolver la educación necesaria para nuestros niños, aceptada por esta sociedad en la que estamos insertos, decidimos establecer para ellos una formación paralela a la educación formal, es decir, que en esta experiencia nos interesaba implementar tanto la enseñanza del idioma Mapuche como de la historia de nuestro Pueblo y sus manifestaciones culturales, que normalmente se practican en el ámbito rural.

El número de niños involucrados en esta tarea fue aproximadamente entre diez y catorce. La mayoría de ellos nuestros propios hijos, es decir, de los que formábamos parte de la Organización Mapuche. Decidimos que fuera así porque éramos quienes podíamos garantizar el acompañamiento e incentivo de los mismos, para que la experiencia diera sus frutos.

En consecuencia, uno de los objetivos específicos, además del aprendizaje del idioma y su cultura, consistía en que el niño aprendiera a desenvolverse desde su propia identidad como Mapuche en el medio social en que le tocó vivir, y fuera capaz, además, de entender la toma de algunas decisiones con relación a lo que hace a la vida escolar estatal, con las cuales, desde que conocemos nuestra historia como Pueblo, no acordamos.

Las edades de los niños que participaron de esta experiencia oscilaban desde los cuatro a los diez años aproximadamente.

Dada las diferencias de edades, para desarrollar mejor nuestro trabajo y atenderlos de manera más personalizada los dividimos en dos grupos, de modo que no existieran fallas para un logro verdaderamente efectivo de la experiencia. Éramos dos las personas que estábamos a cargo de dicha educación. Las clases se realizaban de lunes a viernes intercalando los grupos durante cuatro días y dejando uno para reunirlos a todos, en el cual realizábamos actividades de recreación y clases únicamente en forma oral, cuya preparación se realizaba de acuerdo a las edades.

Así, el trabajo para los más pequeños estaba más relacionado con distintas formas de juegos y aprendizaje de vocablos de uso muy cotidiano, como: mamá, pan, agua, números, colores, animales, etc. Todo en forma oral. Con los más grandes se realizaban actividades ya un poco más complejas, en forma escrita y oral (aunque también aplicábamos juegos).

En relación con el aprendizaje del Mapuzugun trabajaban con oraciones y frases a través de presentaciones personales, saludos, aplicación de adjetivos y sustantivos, lectura y armado de pequeños cuentos. En simultaneidad íbamos incorporando la parte histórica a través de los cuentos. Además, a medida que iban transcurriendo las fechas escolares, las tratábamos desde el punto de vista Mapuche con un ambiente más bien reflexivo, con ánimo de que el niño tuviera la posibilidad de razonar y hacer su aporte en cuanto a las charlas que manteníamos. Todas estas actividades estaban ambientadas con ritmo y música de nuestro Pueblo.

Estas actividades se desarrollaron en las instalaciones de un Jardín Maternal que amablemente y entendiendo nuestra problemática nos facilitó la directora de dicha institución.

Además, también desarrollábamos actividades al aire libre, las cuales generalmente tenían lugar los fines de semana. Cuando el ánimo de todos lo requería, se daba un día de semana. Consistían en organizar entre todos diferentes juegos en los que necesariamente utilizáramos el mapuzugun, como por ejemplo: ejercicios de tipo motriz, jugar a la escondida, cantar, bailar, juegos de adivinanzas y, finalmente, compartir el alimento. Para ello utilizábamos los elementos naturales con los que nos encontrábamos, dependiendo del lugar al que fuéramos. Tratábamos de que el aprendizaje que se daba en el espacio cerrado no quedara reducido a abstracciones, y que visualizaran, tocaran y sintieran.

En otro orden, también fueron muy importantes durante el desarrollo de la experiencia las actividades relacionadas con la espiritualidad Mapuche. En este sentido, en momentos especiales de la vida de nuestros niños, como cumpleaños y realización de algunas actividades importantes, dábamos comienzo a esos momentos especiales con una ceremonia a la mañana muy temprano, como lo hacen nuestros mayores en el campo. Este aspecto de la espiritualidad nos parecía un elemento fundamental en la recuperación de nuestra identidad originaria, por ello queríamos que comenzaran a experimentarlo.

Parte de nuestra tarea de educación consistió en llevarlos a una comunidad Mapuche cercana a Junín de los Andes, a participar de las ceremonias que anualmente allí se realizan. Nos establecimos durante veinte días aproximadamente, y paralelamente se llevaron a cabo otras tareas relacionadas con la vida rural Mapuche concreta, como: recolección de los alimentos que brinda la naturaleza, la preparación de los elementos necesarios para la ceremonia en la que participarían y otros trabajos cotidianos. Nuestra intención era que los niños conocieran y vivenciaran a pleno toda la vida cultural, para irles mostrando referencias más concretas de sus raíces, ya que en la ciudad por más que se las explicáramos de todas formas, corrían el riesgo de volverse abstractas.

Para captar la atención de nuestros alumnos hubo que ser muy creativos, ya que el esfuerzo mental que debían hacer era mayor que el de cualquier niño común, dado que estaban alrededor de siete horas diarias prestando atención para el aprendizaje: por un lado la educación formal, y por otro, la Mapuche. Para esto debimos crear nuestro propio material didáctico, que consistía en dibujos, armado de carteleras con recortes de diarios y revistas, creación de cuentos, teatralización y armado de coreografía para recrear los bailes Mapuche. Para las clases orales, por ejemplo, utilizábamos grabaciones y muchas imágenes.

A medida que iban avanzando en el aprendizaje debíamos ir en busca de nuevas ideas para mantenerlos incentivados y procurar que las clases no fueran pesadas ni tediosas.

Esta experiencia tuvo una duración aproximada de dos años, entre 1997 y 1998. Llevarla a cabo demandó un gran esfuerzo, económico sobre todo, y a pesar de haber buscado apoyo en este sentido, los comienzos debimos resolverlos ingeniándonos de alguna manera. Después de transcurrir un largo tiempo en estas condiciones, cuando a medida que avanzábamos la labor se tornaba más difícil, logramos que el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas apoyara parte de nuestra experiencia educacional.

A pesar de los excelentes resultados que íbamos obteniendo en esta tarea no pudimos darle continuidad, primordialmente por razones económicas. Sin embargo, hoy puedo decir que los niños que formaron parte de esta experiencia son conscientes de que tienen una identidad definida, que su cultura está vigente y que si lo quieren, ahora que son más grandes pueden seguir creciendo en este aspecto.

Como producto de las experiencias que protagonizaron, me parece importante mencionar también que por iniciativa propia de algunos de ellos han logrado instalar el tema Mapuche en las aulas de las escuelas a las que asisten, con amplia repercusión a nivel institucional. Un ejemplo es haber introducido la Bandera de su Pueblo en la escuela, al momento de resultar abanderado uno de ellos, según las normas institucionales de acuerdo con las calificaciones alcanzadas (año 2000).

En relación con el aprendizaje del Mapuzugun, puedo decir que el mismo vuelve a tener vida en un espacio donde hace poco más de cien años se había dejado de hablar. Hoy, si bien son mínimos los vocablos y oraciones Mapuche que suenan en las familias cuyos hijos formaron parte de esta experiencia, es innegable el camino que comienza a abrirse para la recuperación de la lengua.

Esta misma experiencia educativa la llevamos adelante en la ciudad de Zapala (Neuquén), como así también en Río Negro, concretamente en la ciudad de San Carlos de Bariloche.

En Zapala llevamos a cabo distintas actividades, de las cuales las más permanentes eran las experiencias educacionales para niños, por un lado, y para adultos, por otro, todos Mapuche. Además de un programa de radio, producido y conducido por un equipo de hermanos Mapuche del cual también pasé a formar parte. Este trabajo tuvo las mismas características y resultados que el de Neuquén capital.

En Bariloche intentamos coordinar esta tarea con una de las organizaciones Mapuche del lugar, pero evidentemente el proceso de maduración de la idea no fue suficiente; en consecuencia no prosperó, a pesar del interés manifestado por los niños que habían empezado a concurrir para realizar dicha experiencia.

Clases radiofónicas de Mapuzugun en Zapala

La experiencia se llevó a cabo en el marco del Programa Radial Mapuche , más arriba mencionado, que se realizaba en Radio Nacional de dicha localidad.

Aquí es un tanto imposible separar las Clases de Mapuzugun del programa de radio, ya que, en primer lugar, la idea del programa nació a partir de la preocupación por la constante pérdida en general del Idioma Mapuche.

Movidos por la necesidad de contrarrestar esta realidad, se creó "Werkvlzugun", que significa "hacer avanzar el mensaje, proyectar la palabra".

Fue el nombre del Equipo Mapuche de Comunicación, al entender que una de las formas de incentivar y promover el Mapuzugun al interior de quienes lo mantenían era llevar nuestra lengua a los medios de comunicación. Así conseguimos un espacio en la emisora mencionada y comenzamos a emitir nuestro programa, en principio de 30 minutos. Después de unos meses pasó a una hora de duración, una vez por semana, transmitido casi la totalidad en Mapuzugun, por lo que ya en sí mismo era educativo.

Decimos que era educativo porque al tomar contacto con el programa, los Mapuche comenzaron a ser conscientes de lo olvidado que tenían su idioma materno, teniendo en cuenta la poca práctica de uso que hacían del mismo los hermanos que podían hablarlo. Dicho programa llegaba a un amplio sector de la población Mapuche, tanto rural como urbana.

Esta experiencia fue efectivamente novedosa e impactante, como esperábamos. Es que repercutió positivamente, espacialmente en los hermanos hablantes del idioma; lógicamente en los no hablantes también, como asimismo en la sociedad en general. Era la primera vez que un programa con estas características se emitía desde un medio de comunicación, que además reunía características especiales por el hecho de ser nacional.

Fue tal el movimiento que causó en el sector Mapuche esta actividad que, concretamente, el espacio de las clases de Mapuzugun en el programa fue solicitado por la misma audiencia. Lógicamente respondimos de inmediato.

Estas consistieron en primer lugar en explicaciones de conceptos que, a nuestro entender, estaban poco analizados en el interior de los hermanos; entrega de palabras básicas como saludos, vocablos de uso cotidiano, dando todas las variedades regionales existentes. Cuando teníamos invitados en el programa también ellos participaban del espacio de las clases.

De esta manera, a medida que fue transcurriendo el tiempo fuimos avanzando con frases y oraciones más complejas. Los seguidores de este espacio, a pesar de que nuestro idioma es oral, eran libres de escribir o grabar las clases. Lo que quiero referir con esto es que no indicamos la utilización de ningún tipo de escritura en particular, pues nuestro interés fue promover la oralidad de la lengua.

En los últimos meses intentamos formar un grupo con las personas que participaban de esta experiencia, para dar un seguimiento más cercano e ir evaluando los resultados. Pero finalmente no pudimos lograr nuestro objetivo en este sentido, ya que hubo que dejar de transmitir dicho programa por razones que explicaré más abajo. Igualmente, como resultado de todo lo anterior, después de cada emisión recibíamos comentarios de las polémicas y discusiones que se producían al interior de las familias acerca de los regionalismos del Mapuzugun entregados en cada clase, solicitando aclaraciones y/o repeticiones de tal o cual palabra.

Esta experiencia fue muy productiva en cuanto a la revitalización del Mapuzugun en los distintos lugares a los que llegaba el programa radial. Sin embargo, no pudimos darle continuidad: tuvo una duración de dos años -1998 y 1999-, por problemas técnicos de la radio. Además y como ya dije anteriormente, mantener estas actividades requerían de mucho esfuerzo económico, sumándose además la carencia de recursos humanos con la conciencia y la preparación necesaria para abocarse a este tipo de tareas, como es la recuperación y proyección de la identidad cultural de nuestro Pueblo.

 

 
Acerca de... Cómo usar el CD Mapa del CD Créditos