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Home CDHome Experiencias de educación intercultural Educación intercultural bilingüe. Debates, experiencias y recursos CD N° 9 - Colección educ.ar
 
   
Mi experiencia docente en la Escuela Nº 766 - Experiencias de educación intercultural | NEA
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Provincia Misiones
Departamento Capioví
Localidad El Pocito
Institución Escuela Nº 766
Autor/es Irene Flach
Etnias/Grupo de origen Mbya guaraní
Mapa de la argentina resaltando la ubicación de jujuy

Presentación de la experiencia

Fui designada como docente cuando la comunidad Guaraní "El Pocito" solicitó oficialmente al gobierno la creación de una escuela en el asentamiento.

Al cabo de un tiempo tomé conciencia de que debía necesariamente reformular los procedimientos y estrategias de trabajo a seguir, si pretendía lograr el objetivo propuesto: que los niños acudieran a la escuela.

Para llevar a cabo la tarea, la alfabetización debería ser en lengua materna (MBYA Guaraní) por lo tanto un joven guaraní cumpliría el rol de maestro auxiliar.

La enseñanza sería personalizada, respetando los tiempos propios de cada uno. Junto a los ancianos elaboraría una cartilla de lecto-escritura bilingüe.

Debería adoptar como "aula" no sólo el salón de clases sino también el espacio circundante, el arroyo, el monte, la chacra, el tataypy (fogón).

Sería imprescindible adaptar los contenidos curriculares de las áreas Ciencias Sociales y Naturales, teniendo en cuenta los aspectos culturales propios: costumbres, mitos, religiosidad, medio ambiente, etcétera.

Los adultos, a las madres me refiero, acudían a la Escuela y esta debería crear un espacio para que ellas pudieran acompañar a los niños en este proceso. Así se logró la puesta en marcha de un taller de costura donde las mismas ejercitaban sus habilidades manuales y se capacitaban en materia de alimentación y salud. Este lugar adquirido les permitía, antes que nada, reunirse, y luego estar cerca del docente para conocerlo y no permitir que se altere la "educación del hijo" que ineludiblemente debe respetar las etapas evolutivas del niño y pautas culturales propias.

Considero que esta última determinación fue la que modificó radicalmente la relación docente-comunidad, y a partir de allí el proceso de aprendizaje de los niños fue creciendo paulatinamente. Incluso se presentaban propuestas de trabajo creadas por ellos.

Es necesario mencionar también que durante ese proceso fue modificándose el grado de marginación con respecto a la sociedad blanca.

El contexto

El pueblo MBYA GUARANÍ vive en la provincia de Misiones. También en Paraguay y Brasil. Son aproximadamente unas 3.000 personas las que viven en la provincia, y están asentadas en unas cuarenta aldeas aproximadamente. No tienen tierras con título de propiedad (salvo contados casos) y la mayoría vive en tierras privadas. Su hábitat natural es la selva, que van perdiendo por el sistema de propiedad de la sociedad circundante. La pérdida de su espacio ecológico y las consecuencias que trae aparejadas (desnutrición, enfermedades) los llevan a enfrentar situaciones de difícil sobrevivencia.

Viven en pequeñas comunidades y el liderazgo del grupo lo ejerce el Cacique o Pai. Los jefes de familia, reunidos en consejo, tratan de resolver los problemas comunitarios.

Su economía es de subsistencia. Cultivan la tierra y hacen changas en obrajes, yerbatales, sin ninguna protección legal o laboral. También hacen artesanías (cestería, tallas) que luego comercializan. Los grupos que están más alejados de la población blanca siguen su vida tradicional: cazan, pescan, recogen miel y frutos silvestres.

A medida que se acercan al mundo blanco van perdiendo su cultura. Hablan en su idioma (Mbya), también el guaraní paraguayo o castellano (trilingües). Esta sociedad preserva su cultura, "sistema mbya", fundamentalmente por intermedio de sus mujeres, y orienta sus relaciones con el mundo blanco por intermedio de los hombres (ellos se comunican en castellano). En su intimidad mantienen concepciones religiosas y míticas propias.

La Escuela Provincial Nº 766 (en la cual realicé el trabajo que presento) está ubicada en la comunidad guaraní El Pocito, situada en la localidad de Capiovi, a unos 3 km de distancia de dicho centro urbano. Esta comunidad está constituida por ciento quince miembros y ocupa una superficie de 13,5 ha destinadas a vivienda, escuela, huerta y chacras familiares (no existe ya la selva y la mayoría del suelo no es cultivable). Recorre el predio el arroyo Capiovi, pero no cuentan con agua potable.

Como es tradicional, las familias aún migran con frecuencia, por lo tanto el número de alumnos no es estable.

La escuela funcionó en una vivienda (tipo ñande roga) cedida por el Cacique, y que a la vez cumplía las funciones de salón comunitario. El edificio escolar propiamente dicho fue construido con la ayuda de fondos provenientes de la Embajada de Alemania en el país, e inaugurado el 30 de octubre de 1993. Durante el año 1994, y gracias al programa "acciones compensatorias del Plan Social Educativo", se remodela el edificio y se construye un módulo sanitario.

Las familias se dedican a dos tareas básicas como alternativas laborales: la changa agrícola y la producción de artesanías, ambas actividades muy mal remuneradas.

Narración de la experiencia

En el año 1982 en la aldea guaraní "El Pocito" se habilita un Centro de Alfabetización, dependiente de la CONAFEP (Comisión Nacional de Alfabetización y Educación Permanente) al que asistían solamente adultos (todos varones). El trabajo diario se limitaba al aprendizaje de la lecto-escritura y las operaciones matemáticas fundamentales, pues los cuadernillos impresos por el programa para el adulto de manera alguna respondían a sus intereses.

Luego de dos años de trabajo, durante la evaluación del Proyecto, el Cacique, Bonifacio Ferreyra, sostiene "... deben ser los niños quienes continúen aprendiendo, pues nosotros ya somos grandes..." . A partir de ese momento, en un aula improvisada dentro del asentamiento (cerca del arroyo) se inicia el trabajo de alfabetización con los pequeños (las edades oscilaban de 8 o 9 años hasta 15 aproximadamente). Su contacto con los cuadernos, lápices, libros, etc., consistió en dibujar y copiar palabras, oraciones o párrafos inteligibles para ellos. Aclaro, yo no conocía el idioma guaraní y un adolescente varón acompañaba cada jornada. Los niños se mostraban entusiastas, y dispuestos a terminar una tarea para completar otra, que generalmente tenía que ver con alguna actividad de expresión plástica: pintar con colores, témperas, cerillas, ir al monte a recoger semillas o piedritas y luego exponer su trabajo concluido a los demás.

La jornada diaria consistía en dos horas de trabajo aproximadamente; el niño que asistía trabajaba, no existía en el recreo, o el no tengo ganas, sencillamente no se presentaba a clase. En general, el niño faltaba con frecuencia por diversos motivos: acompañaba a su familia a la tarefa (cosecha de la yerba mate), por problemas de salud, o alguna situación que tenía que ver con la propia vida comunitaria, etc. En muchas ocasiones, era yo la que me retiraba, sin pedir explicaciones, pues percibía que toda la Comunidad estaba reunida por algún motivo (asamblea, velatorio, ceremonia, etc.) y estaba presente el Opygua o el Cacique. Tenía en cuenta que su cultura y su espiritualidad las mantienen en celosa reserva.

El grupo de alumnos con el que compartí, habitualmente de 20 a 25 niños, no conocía la lecto-escritura. El ambiente silencioso y sereno, donde nunca faltaba la alegría, daba marco propicio para que manifestaran sus innatas condiciones para las actividades artísticas, como la danza, la música, el tallado o la pintura.

Sorprendentemente el niño guaraní necesita escuchar sólo una vez un contenido para tenerlo incorporado en forma definitiva, así confirman su gran capacidad de comprensión a través de la transmisión oral, rasgo propio de su etnia. La enseñanza que se impartía era personalizada, respetando los tiempos propios de cada uno, sus costumbres, etc.

De las evaluaciones periódicas que yo personalmente me fijaba surgió la idea de preparar un cuadernillo de lecto-escritura inicial y la comunidad decidió colaborar en la preparación del mismo. Siguiendo los métodos de lecto-escritura que en ese momento se utilizaban en una escuela común, opté por seguir el método de la palabra generadora, redacté los textos y la comunidad los traducía a su lengua.

Varios ancianos se reunían con jóvenes alrededor del fogón y deliberaban cómo se armaba tal o cual frase o cómo contarían los números en la escuela, ya que culturalmente solamente cuentan hasta el cuatro; qué grafía utilizarían para tal o cual palabra (pues la lengua Mbya difiere del guaraní paraguayo). Los mismos alumnos ilustraron los textos.

Fue un trabajo largo, interesante, muy enriquecedor, y creo que fue el momento en que tomé conciencia de que estaba en contacto con una cultura maravillosa y de la cual no conocía absolutamente nada, y que mi función no sería IMPONER sino acompañar este proceso que ellos habían elegido. Este programa finaliza en el año 1989, pero continúo el trabajo ad honorem, sin interrumpirlo hasta lograr la creación de una Escuela de la Comunidad "El Pocito". El gobierno la oficializa el 19 de abril de 1991, y a pedido del cacique y representantes de la aldea me hago cargo como directora y docente de la misma.

Mi trabajo con ellos se iba modificando paulatinamente, había más confianza, acercamiento, yo conocía más acerca de su cultura (fui tomando clases de lengua Mbya) y trataba por todos los medios de reunirme con docentes que realizaban este trabajo en otras comunidades guaraníes (A. del Valle, Tamandua, Perutí, Fracrán). A su vez participaba de encuentros que realizaba la Facultad de Antropología de la UNAM y cursos organizados por ENDEPA (Equipo Nacional de Pastoral Aborigen). Uno de ellos fue el de formación bilingüe intercultural, pero debo decir que mis formadores han sido, sin duda alguna, los propios guaraníes, a través de sus opiniones breves pero precisas, silencios prolongados, alejamientos, ausencias, sonrisas espontáneas, invitaciones a ceremonias, etcétera.

A partir de allí, los objetivos institucionales que me propuse eran:

  • Acercar los conocimientos educativos de la cultura nacional al niño guaraní, en armonía con el contexto social en el que habita y su propia cultura, y así disminuir el grado de marginación con respecto a la sociedad blanca.
  • Movilizar las potencialidades colectivas y/o individuales de los habitantes de la comunidad para el mejoramiento de sus condiciones de vida (salud, nutrición, economía, etc.) revalorizando sus patrones culturales.
  • Asimismo, se constituía en un objetivo clave de todo el accionar la dignificación de la condición del indígena en su relación con la sociedad que lo rodea, para lo cual indefectiblemente desarrollaba actividades fuera del ámbito que marcaba la institución, es decir, apoyando otros aspectos que se extralimitaban del educativo.

Esperaba de las familias guaraníes una serie de cambios referentes a:

  • que los niños acudieran a la escuela;
  • que los adultos estuvieran en contacto con la escuela y la percibieran como propia;
  • que cada familia dispusiese de una chacra para los cultivos anuales (maíz, mandioca, zapallo, etc.);
  • que incluyeran los vegetales en la dieta básica, especialmente las verduras (huerta comunitaria);
  • que se interesaran en el mejoramiento de la salud, adoptando medidas preventivas y manteniendo constancia en el tratamiento de enfermedades;
  • que las madres guaraníes encontraran un espacio en la institución y ejercitaran sus actividades manuales (taller de costura) y se capacitaran en materia de alimentación y salud.

A propuesta de ellas, y debido a la falta de insumos (telas, hilos) en el taller, igualmente concurrían para encontrarse en el fogón (tataypy) y preparar el almuerzo para los pequeños, charlar sobre problemas de salud, o llevar adelante la huerta comunitaria.

Con respecto al último punto, debo decir, que el proceso de aprendizaje del alumno guaraní a partir del acercamiento o compañía de la madre mejoró radicalmente (sistema Mbya: relación: madre-hijo) y así se redujo el número de inasistencias a clase. A su vez actuaba ya el maestro auxiliar (un adolescente, alumno mío).

A modo de conclusión debo decir que:

  • En la provincia de Misiones las Comunidades, hoy rodeadas por la sociedad blanca, son las que han solicitado la creación de una escuela oficial; las demás aún no la han pedido.
  • El docente que irá a ejercer en estas comunidades debe necesariamente formarse en educación bilingüe intercultural, o tener conocimientos concretos sobre la cultura del pueblo con el que trabajará; no basta la vocación indigenista.

En lo que a mi experiencia personal respecta, quiero manifestar que ingresé a la aldea con intenciones de transmitir "muchos conocimientos", pero en realidad fui yo la que recibí un bagaje de conocimientos muy importantes (ecología, ética, pedagogía, etc.) que superó vastamente las expectativas de enseñanza y formación que yo tenía intención de proporcionar a aquel grupo.

Mis "asesores pedagógicos", sin duda, han sido ellos. La convivencia me demostró que para el guaraní la educación es un proceso global y que los educadores del indígena tienen rostro y voz, tienen días y momentos, tienen materiales e instrumentos; tienen una serie de recursos bien definidos para educar a quien va a ser un individuo de ese pueblo.

Howard Gardner, allá por la década del 80 (en Harvard), comprobó que el hombre no tiene una sola inteligencia, sino ocho o más (teoría de las inteligencias múltiples). Este concepto lo confirmé en una comunidad guaraní, a poco de llegar. Para ellos todo individuo es inteligente, pero cada uno a su manera, por eso no todos aprenden igual, sino que cada uno lo hace a su modo.

Y concluyo la narración repitiendo una frase dicha por el anciano Hilario Acosta de Takuapi (noviembre de 1996): "... ustedes, los maestros blancos, vengan, enseñen, pero nosotros vamos a seguir educando..."

 

 
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