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Home CD Berni - para niños y docentes CD N° 5 - Colección educ.ar
 
   
Mensaje de Alejandro Piscitelli, gerente general de educ.ar
 

Hasta ahora, el ciclo de introducción de nuevas tecnologías de la información en la escuela ha sido previsible y poco eficaz, y tal vez por eso los resultados dentro de las aulas suelen ser magros.

Frente a esto, es usual que comience la búsqueda de los responsables del fracaso. Se acusa sucesivamente a la falta de dinero, a la resistencia de los maestros, a la burocracia paralizante de la institución escolar. Sin embargo, nadie cuestiona las promesas de los promotores de tecnología por las expectativas que generaron, y finalmente se atribuirá la culpa a las mismas computadoras.

Así, la única solución que suele hallarse al fracaso de proyectos de este tipo es comprar máquinas más poderosas y prometedoras que volverán a frustrar las expectativas puestas en ellas.

Este círculo vicioso podría romperse y convertirse en virtuoso si la alfabetización digital se concibiera sustentada por los siguientes puntos centrales: equipamiento, contenidos, formación docente y conexión a internet en las escuelas (la punta del hilo para una innovación sostenida). El ejemplo de Canadá y de otros países como Chile y Brasil, donde estos elementos se articularon, madura y creativamente, muestra el camino por recorrer. Hay que considerar, naturalmente, la idiosincrasia y las características de nuestros propios estilos para pensar y vivir.

Es importante que quede claro aquí que al tratar este asunto pretendemos ubicarnos en algún sitio equidistante entre la tecnofobia y la tecnofilia.

Es que no estamos a favor de la tecnología como panacea, como el recurso que cura todas las enfermedades de la educación; pero tampoco propugnamos una idea humanista débil y tendenciosa sobre las nuevas tecnologías. Lo cierto es que hay usos banales, usos posibilitadores y usos potenciadores de la tecnología. Pero los realmente valiosos, los potenciadores, son aquellos usos que permiten hacer aprendizajes imposibles e impensables sin la tecnología digital.

Acuñada por Fernando Flores a mediados de los años ochenta, la expresión que postula a la tecnología como "un manojo de conversaciones" es controversial pero contundente. Nos referimos con ella al carácter ontológicamente constitutivo de la palabra en la invención de los objetos, en su apropiación, tanto como en su eventual descrédito. Es decir, se trata de comprender que son las prácticas sociales las que inventan los objetos y no al revés.

En este sentido, en lo que se refiere a la tecnología, dependerá de quiénes adopten esas tecnologías, a quiénes vinculen y qué ofrezcan para que las consideremos más o menos apropiadas a nuestros fines. Es decir, según sirvan realmente para aumentar nuestros grados de libertad o se conviertan -acaso sin que lleguemos darnos cuenta- en un caballo de Troya que termine minando nuestras capacidades, finalmente, nuestro ser en el mundo.

En efecto, las computadoras se han vuelto lo suficientemente inteligentes como para generar en los expertos y en muchos otros una suerte de compulsión a hacerlas omnipresentes. Sin embargo, esto no se debe tanto a los resultados que producen en términos operativos (como querrían hacernos creer los expertos), sino al modo en que circula socialmente la idea de que son la panacea para nuestros males. Sin embargo, ya lo hemos visto: al menos en educación, su éxito hasta ahora ha sido más que relativo. Pero, si las computadoras no son una panacea para la educación, ¿qué son entonces?

Una visión más sincera y también más sutil de la relación entre docentes, máquinas y alumnos requiere plantearnos cómo resolver los problemas de siempre (lectura, aprendizaje, comprensión) utilizando un medio que seduce -todavía más por sus promesas que por sus realizaciones- a los alumnos, y que a veces espanta a los maestros.

También debería quedar claro que las computadoras, e internet particularmente, son la imprenta del siglo XXI , de modo que ejercicios de vocabulario computarizados, enseñanza de lenguas extranjeras, software de graficación para la geometría, administradores de datos y simuladores científicos, procesadores de palabras y software de diagnóstico son invenciones fundamentales que se inscriben en la legión de las innovaciones tecnológicas de uso educativo duraderas. Tienen un lugar innegable junto al papel, el lápiz, la regla, la calculadora y el retroproyector.

En conclusión, bajar un programita de la red o escribir un paper con material encontrado al azar no tiene nada que ver con nuestros ideales de una sociedad informacional en la cual podamos pasar efectivamente del paradigma de transmisión al paradigma de transacción de la información.

Existe toda una concepción del conocimiento (su construcción colectiva y sus usos en tanto "conocedores", pero también como ciudadanos) que no se adquiere a través de la computación: como todo educador lo sabe, la educación es un proceso que involucra en todos los planos y niveles a las personas. Es cierto que los chicos y los jóvenes aman a las máquinas, pero lo que realmente necesitan para aprender es a las personas.

Tal vez podemos elaborar hipótesis y aventurar que con máquinas mucho más poderosas, interfaces más intuitivas, modelos neuronales de aprendizaje y, sobre todo, con una habilidad creciente de vinculación entre la gente y las máquinas, llegará el momento en que aprendamos a aprender máquinas mediante.

Lo cierto es que ese momento aún no ha llegado, y que mientras hacemos lo posible por acelerar su tiempo tendremos que hacer malabarismos y concentrarnos en hallar lo mejor del mundo humano y lo mejor del mundo digital, sumando imaginación a nuestros usos computacionales y automatizando procesos que potencien nuestras capacidades.

Este CD, que forma parte de Colección educ.ar, es un ejemplo de esta combinación. En él se han utilizado las potencialidades del soporte digital para mostrar, analizar, reconstruir y articular la obra pictórica de Antonio Berni. Los alumnos y los docentes pueden mirar una y otra vez obras -en una suerte de "museo virtual" en la escuela-, escuchar y leer textos, construir y reconstruir pinturas, crear dibujos en la pantalla, vincular a Berni con información histórica, social y con otros pintores, paseando por importantes museos del mundo a través de internet.

Este CD se incluye en las celebraciones por el centenario del nacimiento de Antonio Berni. En este caso, el homenaje ha sido convertir sus obras -de fuerte contenido social, artístico y político- en contenidos educativos.

 

Alejandro Piscitelli
Gerente General de Educ.ar S.E.

 

 
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