Comienzos del siglo XX: el color y la luz en la pintura

En el comienzo del siglo XX los artistas se alejan de la copia servil de la realidad; se interesan más por el lenguaje pictórico. Abandonan la distancia histórica y pintan el mundo próximo involucrándose en su tiempo, que en la Argentina de 1900 es el de la gran inmigración y los primeros avances técnicos.

La reflexión sobre el arte nacional se da como consecuencia, y estos artistas –que dejarán la narración y la anécdota para explorar caminos hacia la plástica pura– ahondarán en la naturaleza, más aún, en la luz. Cabe destacar que la idea de lo nacional tiene en la misma época una expresión literaria, encabezada por Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones y Manuel Gálvez.

El paisaje tendrá un rol protagónico en el arte argentino de este período. Los pintores representativos son Brughetti y Malharro; este último nuclea en torno suyo a jóvenes pintores, como Ramón Silva y Walter de Navazio.

Por otra parte, Fernando Fader y Cesáreo Bernaldo de Quirós, como miembros integrantes del grupo Nexus, buscan la renovación plástica e institucional del campo artístico, teniendo como meta la definición y alcance de un arte nacional.
El Nexus estaba integrado por Pío Collivadino, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Carlos Ripamonte, Arturo Dresco, Alberto M. Rossi, Justo Lynch, Fernando Fader y Rogelio Yrurtia.

La cita que sigue a continuación nos acerca al pensamiento del grupo.

    Creo interpretar los sentimientos de los amigos al augurar a Pío Collivadino nuevos y mayores triunfos, cuando de regreso a la patria se entregue de lleno a la obra que demuestre en el extranjero, junto con las de sus compañeros, del verdadero arte nacional, con asuntos y elementos nuestros, genuinos, inconfundibles… confiemos en que el año 1910, primer centenario de nuestra independencia, señalará el principio de una buena época de nuestra historia e independencia artística en la exposición que para conmemorarla se celebra.”(Carlos Ripamonte, citado en Malosetti Costa, Collivadino, pág. 75).

Toman del impresionismo francés la libertad de la pincelada, los empastes, las sombras y reflejos coloreados. Sin embargo ambos grupos, a pesar de sus diferencias, interpretan el paisaje desde una mirada donde pueden plasmar sus ideas y emociones.

La historiadora del arte Laura Malosetti Costa se pregunta:

    ¿Es lícito etiquetar a Malharro o a Fader de impresionistas?
    Parecería que no. Sus innovaciones formales responden inequívocamente a búsquedas que van más allá de la adhesión formal a una escuela, y que los llevan a transformar en paisaje una tierra, unos árboles, unos hombres a los que parecían interrogar tratando de arrancarles el secreto de la tan ansiada identidad nacional. (AA.VV., Nueva Historia Argentina. Arte, Sociedad y Política, págs. 209-210).

Thibón de Libián: el color y la luz en los interiores

Coetáneo de los pintores del aire libre, Thibón prefiere la intensidad de la luz artificial que privilegia algunas figuras o zonas del cuadro, y que permite un manejo expresivo del color.

El pintor maneja la luz con libertad; a veces la hace caer como manchones lumínicos trabajados con colores saturados y contrastantes para dar sensación de volumen. Por otra parte, la luminosidad y la rica paleta confieren un clima de implicancias y sobreentendidos en las escenas de camarines, circos y cafés.