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Colección educ.ar: Uso seguro y responsable de las TIC | CD 27

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Chic@s y Tecnología. Usos y costumbres de niñas, niños y adolescentes en relación a las TIC

Chic@s y Tecnología comprende una investigación sobre usos y costumbres de los niños y adolescentes con las TIC, publicada en 2009 por la Asociación Civil Chicos.net. Aquí te acercamos una presentación de Sergio Balardini, realizada con la colaboración de Mariela Mociulsky y Ximena Díaz Alarcón de Trendsity, un resumen del trabajo, sus principales resultados y algunas recomendaciones para todos los actores involucrados. 

Introducción

Por Sergio Balardini. [1]

Esta investigación se realizó con el apoyo profesional de Mariela Mociulsky y Ximena Díaz Alarcón de Trendsity.

chicos.bmp 


Ya es lugar común escuchar que adolescentes —y aun niñas y niños— adelantan a los adultos en lo que a manejo de las TIC se refiere. Claro que esta enunciación asume el riesgo y la incorrección de toda generalización, y que siempre es bueno poner en foco y advertir las vicisitudes y diferencias a que haya lugar; por ejemplo, reconocer que hay muchas niñas y niños que no tienen posibilidades de acceder a estas tecnologías, o, pensando en los adultos, saber que hay quienes tempranamente se han abierto a las mismas y son de hecho avezados usuarios.

Sin embargo, tenemos que admitir que, cuando realizamos una mirada generacional, nos encontramos de un lado con sujetos para los que estas tecnologías son una suerte de naturaleza o ambiente natural en el que se desempeñan intuitivamente, y, de otro lado, con aquellos para los que se trata de una nueva tecnología (aun pasando los años) que supone esfuerzos de adquisición, aprendizajes y desaprendizajes. Allí es donde adquiere sentido la definición de Prensky de hallarnos frente a “nativos e inmigrantes digitales”. Empero, una nueva consideración merece ser hecha: debemos evitar dar la idea de hallarnos frente a sujetos opuestos e irreconocibles sin posibilidad de encuentro. Todo lo contrario, se trata de la descripción de un lugar de partida, nunca de llegada, lugar abierto a la intervención y que depende en buena medida de nuestros objetivos, estrategias y esfuerzos.

Dicho lo cual podemos sumergirnos en nuestras preocupaciones sin menoscabo de reconocer lo múltiple y complejo.

En consecuencia, reconociendo el impacto que en las vidas de las nuevas generaciones han producido las TIC, es lícito interesarnos tanto por las características de ese impacto como por sus derivaciones en torno a la protección de niñas y niños.

Aquí es donde esta investigación adquiere valor relevante, al ofrecernos una primera y amplia mirada acerca de la realidad del uso que niñas, niños y adolescentes dan a estas tecnologías. De este modo, podemos empezar a conocer, más allá de la observación casuística y el puro empirismo, qué puede significar educar para la vida en las redes digitales y los mundos virtuales.

El estudio nos permite confirmar que abunda el uso para comunicarse entre pares, investigar para la escuela, entretenerse escuchando música, informarse sobre sus temas de interés, jugar solo o con amigos; en definitiva, podríamos pensar que nada nuevo hay bajo el sol, en la medida en que, podríamos afirmar, suceden hechos muy similares en una vida ausente de tecnología digital. Sin embargo, aparece lo nuevo. Mediadas por la computadora (y el celular) las relaciones se presentan muchas veces como anónimas, con interpelación de desconocidos y en contextos en que es muy frecuente la ausencia de adultos referentes (padres, docentes). En estas “nuevas modalidades de interacción” podemos observar, asimismo, que están produciéndose importantes cambios en la percepción del carácter de lo público y lo privado, donde lo privado se hace público sin que niñas y niños dimensionen el alcance, tanto espacial como temporal, de aquello que exponen o suben a la Red, y las eventuales consecuencias de esa exposición.

Se abre, pues, un nuevo escenario, en el que una de las preocupaciones emergentes es la cuestión del resguardo de la privacidad de niños, niñas y adolescentes. En este punto, es clave contar con la presencia de adultos que tensionen la puesta en acto de cuestiones privadas, que muchas veces limitan con lo íntimo, y que podrían fácilmente dar lugar a abusos, variadas formas de la burla y en el límite, el acoso. Claro que este tipo de maltratos existe mucho antes que la tecnología digital; sin embargo, por su potencia y alcance, su impacto es algo  que no debe desdeñarse.

Volviendo a la investigación, un tema que surge y que debe preocuparnos es “la notoria ausencia del adulto que acompaña al niño o niña cuando interactúa en internet, ya sea desde el hogar, desde el cyber o desde la escuela”. Si a ello le sumamos la escasa o nula percepción de peligro “sobre algunas situaciones vinculadas a la interacción con las TIC” en la mitad de las respuestas obtenidas, podemos asumir que hay allí un riesgo potencial que enfrentar.

Pero, en nuestra opinión, se trata de establecer una conexión entre la “educación para la vida real” y la “educación para la vida digital”. Y hacerlo en las familias. Y hacerlo en las escuelas. Y hacerlo en el espacio público y hacerlo en los medios. No nos referimos a enseñar programas, claro, sino a enseñar a relacionarse, a establecer modos de actuación y formas de vinculación regulada y autorregulada. Tarea intransferible (y responsabilidad indelegable) que está en manos de los adultos. Y, si bien es cierto que la generación de adultos está integrada por “migrantes digitales” (o lo que es lo mismo, “nativos analógicos”) siguen siendo quienes, por experiencia y por convicción, están en condiciones de dotar de elementos y sentidos que operen dando continuidad del “educar para la vida real” a la “educación para la vida digital”, más allá del desconocimiento de los artefactos que dan cuenta del mundo tecnológico.

Este desafío, debería animarnos a desarrollar dispositivos que nos ayuden en la tarea, evitando que esta preocupación se instale como un desafío individual, sujeto a los recursos de cada adulto, familia o docente particular. Así como alentamos a los niños y niñas hacia la autonomía, gradual y sostenidamente —a la par que los protegemos, orientando y no solamente acompañando, habilitando un diálogo permanente y los estimulamos a que desarrollen prácticas de autocuidado (en vez de encerrarlos en un cuarto para protegerlos del mundo)— criterios afines deberían ser útiles para aplicar a la vida digital. De ese modo podríamos evitar que niñas, niños y adolescentes prefieran muchas veces no compartir con los adultos situaciones desagradables que han vivido por temor a la prohibición o a la censura del uso de las tecnologías por parte de estos mismos adultos, como señala el informe.

En cuanto a los docentes, quienes, no sin acierto, consideran que muchos niños y niñas son más idóneos que ellos en el manejo de las tecnologías digitales, debería trabajarse en mudar cierto temor por la visualización de una gran oportunidad. Porque, más allá de la razonable demanda de mayor capacitación a las autoridades, se abre la posibilidad de avanzar en el diseño de dispositivos que incluyan tanto a jóvenes como a adultos, desde sus saberes y roles propios, en articulaciones emergentes, para dar un paso más allá, para seguir avanzando, generando un nuevo ámbito de encuentro generacional. Los jóvenes pueden ser aliados claves en procesos de capacitación tecnológica. Y los docentes hallarían un nuevo campo pedagógico relacional.

Junto con ello, esa enorme biblioteca borgiana que es internet, nos permite proponerles actividades creativas, que contienen esfuerzo, trabajo y gratificación al mismo tiempo. Ya no la monografía simple, mera búsqueda de información, con “copiado y pegado” en tinta azul lavable, sino mediante procesos de validación de la información, de selección, contextualización y contrastación, y la puesta en relación de proposiciones; finalmente, la comprensión integral como proyecto.

Sabemos bien que los riesgos son proporcionales a la potencia de la tecnología y correspondientes a su impacto en la sociedad y la cultura. En cualquier caso, se trata de ”cómo” y “qué” hacemos con ella, asumiendo los riesgos, creando dispositivos que permitan reducir al mínimo el daño eventual, para lo cual es indispensable “meterse” con la tecnología. Por otra parte, no hacerlo es un modo de no distribuir socialmente saberes asociados a las posibilidades productivas que los mismos ofrecen, y que serán necesarios para la inclusión social.

Por último, a cada paso se presentarán nuevas situaciones a resolver (educativas, sociales, tecnológicas) que tendrán que ser procesadas, integrándolas críticamente a nuestra labor como padres, como docentes, o en el rol que nos corresponda en tanto adultos. Pero más allá de los riesgos y temores que las TIC generen y de las dificultades propias de las relaciones intergeneracionales, se trata de asumir el sostenimiento del vínculo y la responsabilidad de protección que deriva de ello.

Y facilitar, en consecuencia, que las y los jóvenes, en su modo “conectado” de vivir, puedan pasar del saber intuitivo de su uso a su aprovechamiento integral, con las competencias necesarias que les permitan desarrollar sus posibilidades a través de prácticas de autocuidado, pudiendo contar con adultos que los orienten y acompañen.

Esta investigación nos ofrece pistas claras para avanzar en esa dirección, a la par que abre caminos que en adelante deben ser recorridos.

Resumen ejecutivo


Introducción

Es indiscutible la creciente presencia que han adquirido las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el entramado social a nivel global. En los últimos años del siglo XX y comienzos del siglo XXI la expansión generalizada de las TIC ha contribuido a modificar la vida y las experiencias de las personas (Palamidessi 2006). En este nuevo contexto, son los niños, niñas y adolescentes quienes reciben de manera directa la influencia de estas tecnologías que los tienen catalogados como “nativos digitales” (Prensky, 2001). Esto implica que si para las generaciones adultas es novedad, o les genera dificultad o temor interactuar con los nuevos dispositivos, para los jóvenes es un dato más de su existencia cotidiana, de tal manera que están “naturalizadas” en su entorno.

Las nuevas tecnologías, indudablemente, afectan los modos de relación de los/as chicos/as y los/as adolescentes: cómo estudian, cómo se entretienen, cómo sostienen lazos de amistad o amplían sus redes sociales. De este modo construyen su cotidianidad y también sus identidades. Es necesario comenzar a comprender que los jóvenes de nuestros días viven en un paradigma cultural absolutamente distinto del de sus padres, y las nuevas tecnologías contribuyen a la composición de ese nuevo mundo de experiencia. Estos cambios tienen notables consecuencias en los procesos de subjetivación de niños, niñas y adolescentes, situación que plantea nuevos enigmas para la relación con las generaciones adultas, sea en su rol como padres, sea en su rol como educadores (Urresti, 2008).

La presente investigación busca alcanzar un mayor conocimiento sobre las particularidades de los usos y las costumbres propios de las TIC en niños, niñas y adolescentes —de entre 9 y 18 años y de diferentes estratos socioeconómicos— residentes en Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires (GBA). Adicionalmente, se han complementado los hallazgos con aportes desde la mirada de padres, docentes y expertos en temas de juventud, educación y nuevas tecnologías. Principalmente se ha orientado a determinar la significación que adquiere la interacción mediada por tecnologías en esta población, las modalidades de comunicación y expresión más utilizadas, la percepción de riesgo, las precauciones que se ponen en práctica y la identificación de índices de vulnerabilidad.

Sin duda, los resultados de este estudio favorecerán la comprensión de los factores que, en este nuevo escenario, hacen a los niños, niñas y jóvenes vulnerables a las distintas formas de explotación sexual infantil, y permitirá a las organizaciones vinculadas a la protección de la infancia construir mecanismos de prevención que introduzcan intervenciones tempranas y ajustadas a la realidad.

La Asociación Chicos.net promociona los derechos de los niños, niñas y jóvenes a través de acciones que favorecen cambios de actitud y de concepciones en la sociedad, para que los mismos conduzcan a un mayor grado de protección, a una educación de calidad y a la participación de ellos y ellas en los temas que les incumben.

Para alcanzar sus metas, Chicos.net trabaja en alianza con universidades y organizaciones vinculadas a la promoción de los Derechos del Niño, tanto locales como internacionales.

Metodología

La investigación se realizó en dos fases, una primera fase cualitativa y una segunda cuantitativa.

En la primera fase se realizaron entrevistas a minigrupos etnográficos de niños, niñas y adolescentes y entrevistas en profundidad a padres, expertos y docentes, lo cual se complementó con registro documental (fotografías, grabaciones, filmaciones del contexto de la entrevista etnográfica).

En la segunda fase se realizaron 1215 encuestas autoadministradas en formato on line a chicos de 9 a 18 años de Capital y GBA. La encuesta constó de 57 preguntas cerradas y abiertas referidas a los usos y costumbres de los chicos y adolescentes en relación con las nuevas tecnologías y  los riesgos y peligros que estas pueden conllevar. Para el análisis se clasificó a los encuestados según tres niveles socioeconómicos: C1 (medio alto), C2 (medio medio) y C3D1 (medio bajo y bajo), y según tres franjas etáreas (de 9 a 11 años, de 12 a 14 años y de 15 a 18 años). Previamente se construyeron los diferentes instrumentos de recolección y se realizaron testeos de los mismos en un colegio público y en uno privado. Paralelamente, se realizó una encuesta de características similares a 89 docentes no especializados en Informática de Ciudad de Buenos Aires y GBA.

Los datos recolectados se organizaron en función del análisis del contexto social y cultural, el relevamiento del vínculo con las tecnologías, los usos y costumbres por tipo de tecnología y funcionalidad asignada, la identificación de referentes, las “nuevas reglas de juego” que se generan a partir de la masificación de las TIC y los indicadores de vulnerabilidad en relación con los riesgos y actitudes. Los resultados obtenidos y la reflexión sobre los mismos, apoyada en distintos estudios sociológicos, nos llevan a afirmar que las clásicas concepciones vinculadas a lo público y lo privado, lo real y lo virtual, los lazos sociales y la amistad, tendrán que ser revisadas a la luz de las nuevas modalidades de vínculo que se establecen entre las personas, mediadas por las TIC.

Principales resultados


1. Niños, niñas y adolescentes. Uso de los diferentes dispositivos tecnológicos, lógicas y significados

La investigación abordó las modalidades y lógicas de uso, y los significados que adquieren los diferentes dispositivos tecnológicos —a través de internet y el celular— en niños, niñas y adolescentes de 9 a 18 años, para determinar las variaciones por edad, género y nivel socioeconómico (NSE). También contempló la variable contextual, teniendo en cuenta tres ambientes: hogar, cíber y escuela.

Los resultados más importantes que se han alcanzado serán descriptos a continuación:

a) Uso de la computadora e internet desde el hogar

  • Cuando existe computadora con conectividad en el hogar, la actividad que más realizan tanto varones como mujeres frente a la pantalla es comunicarse a través de la mensajería instantánea MSN (47%). Le siguen en este orden: bajar música (44%), jugar (40%), investigar para la escuela (31,7%), leer o escribir mails (27%).
  • En relación con el MSN, se observa una considerable diferencia de uso según la edad. Son los adolescentes de 15 a 18 años quienes en mayor medida aceptan a desconocidos (75%) en su MSN, mientras que lo hace el 18% de los niños y niñas entre 9 y 11 años.

b) Uso de la computadora e internet desde el cíber

  • La actividad que más realizan es jugar (41,4%). Esta opción fue mucho más elegida por varones de NSE C2 y C3D1, especialmente de 9 a 11 años y de 12 a 14 años y progresivamente menos elegida.
  • El encuentro con amigos en el espacio real del cíber también es un dato a considerar (15%).

c) Uso de la computadora e internet desde la escuela

  • Utilizan internet en mayor medida para hacer trabajos escolares (49,4%), participar en foros (38,2%), bajar música (37,5%) y luego, para aprender a usar programas (34%). Llama la atención el alto porcentaje de chicos/as que dicen bajar música en la escuela, dato que contrasta con la percepción de los docentes y los contenidos curriculares.
  • El 43,8% de los encuestados respondió que usar la computadora le quita tiempo para estudiar, sin mostrar variaciones significativas según las diferencias de edad, aunque el 22% respondió que no le quita tiempo para realizar otras actividades.

d) Uso del celular

  • A partir de los 12 años la tenencia de celular alcanza el 79,6% y llega al 90% entre los jóvenes de 15 a 18 años.
  • La posesión del primer celular está vinculada a una mayor autonomía, al momento en que los niños y niñas empiezan a circular solos por la calle, siendo la edad promedio para ello los 12 años, coincidente con el último año de la escuela primaria.
  • Los padres le entregan al hijo/a un celular para mantener contacto con ellos cuando viajan solos o pasan muchas horas fuera del hogar, siendo entonces el uso más frecuente para “estar en contacto con los padres”, especialmente en los niveles socioeconómicos medios.
  • En segundo lugar, el uso del celular por parte de los chicos y chicas está relacionado con “comunicarse con amigos”.
  • Las variaciones por nivel socioeconómico y género en este caso no son considerables.

e) Nuevas modalidades de interacción

Los y las adolescentes publican fotos en internet y comentarios sobre fotos de otros/as con asiduidad. Son consumidores y productores de contenidos a la vez, siendo sujetos activos en la producción que consumen, por eso acuñamos el concepto de prosumidores (Urresti, 2007). No demuestran preocupación por la divulgación de su imagen en la Web, al contrario, consideran que serán vistos por sus amigos y amigas y esperan ansiosos sus comentarios. En este sentido parecen no dimensionar las características del medio y el alcance que este tiene, mucho más amplio que su grupo de pares. A medida que aumenta la edad se vislumbra una diferencia de actitud por género: las jóvenes suelen expresar emociones y estados de ánimo a través de su nick, lo cual no es tan evidente entre los varones. Ellos se expresan de modo más desinhibido a través de este medio que en una comunicación cara a cara. Las mujeres son las usuarias más frecuentes de los fotologs o páginas personales (44,6%); los varones, más proclives al juego.

Llama la atención una modalidad de agresión simbólica, tanto en varones como en mujeres, denominada “escrache”. Se trata de la publicación de fotos o comentarios descalificantes entre pares. En la mayoría de los casos la intención es hacer bromas o poner al otro en ridículo. Pero en ocasiones esta actitud es percibida como desagradable por el destinatario, especialmente cuando se intensifica y deja de ser consensuada. Este problema limita con el fenómeno de cyberbullying, entendido como el empleo de las TIC para sostener en forma deliberada y repetida una actitud hostil con la intención de producir daño a otros (Belsey).

2. Vulnerabilidad y tecnologías

Es notoria la ausencia de un adulto que acompaña al niño o niña cuando interactúa en internet, ya sea desde el hogar, desde el cíber o desde la escuela.

La población perteneciente a los niveles socioeconómicos más acomodados tiene altas posibilidades de acceso a internet desde su hogar, y la mayoría de los niños, niñas y adolescentes tienen la computadora en su habitación (45,3%), donde prácticamente no reciben ningún tipo de regulación por parte del adulto.

Para los chicos y chicas de niveles socioeconómicos más bajos, el cíber es el entorno más relevante (41,3%), tanto por la conectividad que ofrece este lugar a bajo costo como por la oportunidad de encontrarse con pares. Este ámbito también les depara la posibilidad de interactuar con desconocidos —adultos—. La falta de regulación parental y la carencia de políticas reguladoras de estos espacios públicos contribuyen a situar a los cíber como lugares donde los chicos son más vulnerables.

En la escuela se advierte que los niños, niñas y adolescentes utilizan las TIC en acciones que los docentes desconocen, y la figura del maestro/a no tiene un lugar de privilegio como referente.

Acerca de la percepción de peligro sobre algunas situaciones vinculadas a la interacción con las TIC, podemos aportar los siguientes resultados:

  • Para el 47% de la muestra, la interacción mediada por TIC no implica peligro alguno.
  • El 49% de la misma consideró que no es peligroso chatear con gente que no conoce.
  • El 43% no considera que sea peligroso ir a una cita con una persona que se conoció en internet o por mensaje de texto en el celular.
  • El 48% no percibe peligrosidad al aceptar desconocidos en su MSN.
  • El 50% no considera que sea peligroso publicar fotos de otras personas sin su permiso.

La baja percepción del riesgo en estos casos constituye un factor de riesgo en sí mismo que ubica a los niños, niñas y adolescentes abarcados en este estudio en situación de vulnerabilidad.

  • El 30% de la muestra publica datos personales (dirección de su casa, teléfono, nombre de la escuela) en su fotolog o página personal.
  • El 32,5% abre correos con archivos adjuntos enviados por desconocidos.
  • El 32% manifiesta que, a veces, entra a sitios con contenido únicamente para adultos (este porcentaje aumenta a medida que se avanza en edad).
  • El 37% de los encuestados usa la webcam para conocer y que lo conozcan personas nuevas, comportamiento más acentuado en los adolescentes de 12 a 18 años.
  • Los adolescentes son quienes en mayor medida agregan a desconocidos en el MSN, alcanzando un 48,3% en la franja de 15 a 18 años. Los porcentajes en las demás franjas etáreas no dejan de ser alarmantes: el 42,3% de los de 12 a 14 años y el 17% de los chicos y chicas de 9 a 11 años acepta desconocidos, a veces, en el MSN.
  • El 36% de los adolescentes entre 12 y 18 años afirma que publica fotos suyas en poses provocativas.
  • El 37%, publica fotos de otras personas sin su permiso.
  • No se ha determinado que existan diferencias por género en estos comportamientos.
  • La agresión solapada a través del anonimato se da en un 46% de la muestra en el grupo de edad que va de los 12 a los 14 años. En la franja de 15 a 18 años, se produce en un 51%.

En relación con la percepción de riesgo en la interacción con las TIC, hay un dato contundente: conforme aumenta la edad de los entrevistados, baja la percepción de riesgo. Por este motivo, en los y las adolescentes se evidencia una actitud que los hace más vulnerables: perciben en menor medida a las situaciones de riesgo como peligrosas; en su autonomía muestran cierta omnipotencia e ingenuidad al mismo tiempo.

Sin embargo, el 74% de la muestra total (910 casos) manifiesta haber pasado por alguna situación desagradable. Aunque solo un 14% de la muestra (174 casos) relató alguna situación percibida como desagradable. Se perfiló una diferencia de género en esta respuesta: mayor proporción de mujeres (120) que de varones (54).

Las más frecuentes han sido:

  • El cyberbullying —manifestaciones virtuales de agresión y hostigamiento continuo que parten de conflictos entre pares de la vida real— (26%).
  • La apertura de páginas web pornográficas y/o publicidades de prostitución femenina sin buscarlas (21%).
  • La aparición de imágenes no deseadas de escenas de terror o de violencia, o amenazas a través de cadenas de mail (16%).
  • La solicitud de fotos y/o datos personales por parte de un desconocido (14%).
  • Un 2% refirió haber tenido un encuentro cara a cara con alguien que conoció en internet. A pesar de que este porcentajes no refleja una tendencia significativa, se trata de una situación de alto riesgo que no podemos dejar de citar.

3. Padres y madres. Diferencias generacionales

Tanto los niños y las niñas como los adolescentes reconocen estar inmersos en las tecnologías y la mayoría considera que aprende a utilizarlas de manera intuitiva (61,4%). En este sentido, sus referentes están mucho más cerca de sus pares que de los adultos: hermanos o hermanas mayores, primos mayores o amigo/a con escasa diferencia de edad. Los adultos, tanto madres, padres como docentes, no son considerados referentes válidos en el uso de tecnologías.

Se identifica en el estudio que la autonomía que van adquiriendo los niños y niñas a medida que crecen se evidencia también en el modo en que se apropian de las tecnologías, reduciéndose la influencia parental a medida que se avanza en la edad. Asimismo se observa que son los niños, niñas y jóvenes quienes se convierten muchas veces en “consejeros tecnológicos” de los adultos cercanos.

El temor a la prohibición o censura del uso de las tecnologías que pueden ejercer los adultos funciona como un factor de riesgo para los niños, niñas y adolescentes. Los niños, niñas y adolescentes, la mayoría de las veces, prefieren no compartir con sus padres ni hablar con ellos sobre situaciones desagradables que atraviesan usando las TIC, por miedo a que se les interrumpa o controle excesivamente su uso. Sin embargo, en contraposición a esto —y de manera alentadora— a la hora de tener que recurrir a alguien ante una situación desagradable que les ocurriera usando internet o el celular, el 56% afirma que recurriría a su mamá o a su papá.

El celular funciona como un elemento de seguridad para los padres y madres, así pueden localizar a sus hijos e hijas una vez que comienzan a circular solos por la calle, por eso no ejercen regulación sobre este elemento: prefieren que siempre lo tengan encendido y con crédito.

4. Docentes. Percepciones y rol de la escuela

En relación con los docentes, los datos más significativos encontrados pueden sintetizarse en dos puntos claves: el primero, los docentes consideran a los chicos y chicas más idóneos en la interacción con las tecnologías que ellos (68%); el segundo, los docentes demandan capacitación para poder instar sus alumnos y alumnas hacia un uso responsable de las mismas (47%).

La brecha generacional en la habilidad para usar las TIC por parte de los docentes surge como un tema importante y preocupante: el 70% de los alumnos no solicita orientación a sus maestros para buscar contenidos en internet. Esto indica, por un lado, autonomía de los alumnos en el uso de internet, y por otro lado, muestra al docente débil como referente a la hora de orientar una búsqueda. Sin embargo, esta autonomía se ve opacada por la falta de actitud crítica de los alumnos con respecto a la validez de los contenidos que encuentran en internet, según manifiestan los docentes.

Sin embargo, aunque los docentes no se sienten con la suficiente autoridad tecnológica para poder compartir las herramientas con sus alumnos e incluirlas en las propuestas de aprendizaje, el 64,5% de los alumnos y alumnas encuestados cree que sus maestros pueden brindarles ayuda en un buen uso de internet, siendo especialmente alto el porcentaje en la franja de 9 a 11 años y en los chicos y chicas de NSE C3D1.

Los docentes califican la presencia de la tecnología como positiva en el aprendizaje (83%) y la socialización (67%) de los/as alumnos/as y manifiestan interesarse por los hábitos tecnológicos de sus alumnos (89%).

Por otro lado, las respuestas de los docentes acerca de las actividades que hacen los chicos cuando utilizan las computadoras de la escuela (conseguir información, aprender programas, etc.) contrastan con lo que dicen estos últimos que hacen (bajan música, participan en foros, revisan sus blogs y los de sus amigos/as).

Los docentes perciben que las herramientas tecnológicas más utilizadas por sus alumnos y alumnas son, en primer lugar, los mensajes de texto con celulares (82%), en segundo lugar la mensajería instantánea MSN (64%) y en tercero, el fotolog (53%).

La percepción del riesgo que tienen los docentes sobre el uso de tecnologías por parte de sus alumnos y alumnas es considerablemente alta: el 43 % respondió afirmativamente que “conoce casos de chicos y chicas que han vivido alguna situación de riesgo causada por la interacción virtual con desconocidos”. Y aunque piensan que en el ámbito de la escuela también pueden estar expuestos a situaciones de riesgo, son pocos los que se consideran con aptitud para instalar filtros (50%). A favor encontramos que el 74% de los encuestados trabajó pautas de prevención para el uso responsable de las TIC en el aula y el 89% cree que es muy importante trabajarlas.

El 56% de los docentes encuestados considera que el rol de la escuela debería ser el de buscar estrategias de prevención involucrando a los chicos, chicas y jóvenes y la mayoría considera que lo que más necesitan aprender los chicos en relación con las tecnologías es “comprender el alcance –efectos y consecuencias— de sus acciones en el mundo virtual tanto como en el real”. Esto está indicando que existe un hilo conductor en el docente que une lo virtual con lo real, concepto que es necesario transmitir claramente a los niños y niñas.

En contraste con las percepciones de los/as chicos/as y adolescentes, casi la totalidad de los docentes encuestados (94%) considera que existen peligros para los chicos/as en la interacción virtual con personas desconocidas en internet.

Recomendaciones

Las recomendaciones que se presentan a continuación son construcciones realizadas a partir de la reflexión que nos genera este estudio. Conocer mejor los hábitos y los intersticios donde se cuela la vulnerabilidad nos permitirá diseñar estrategias de intervención e incidencia para poder fortalecer las competencias de los niños, niñas y adolescentes que necesitan para estar más protegidos y menos vulnerables, como así también trabajar con el resto de la sociedad para que sean actores en el armado de la malla de contención que favorezca la erradicación de la explotación sexual comercial infantil.

Para niñas, niños y adolescentes

  • Incluir a los niños, niñas y adolescentes en las diferentes instancias de desarrollo de las acciones de prevención y en el diseño de estrategias educativas como actores claves en la elaboración de las mismas.
  • Instalar el tema del uso responsable de las TIC y de prevención de riesgo mediante talleres, juegos on line, concursos y demás actividades diseñadas especialmente para cada contexto y edad.
  • Transmitir mensajes vinculados a la prevención de actitudes de riesgo a través de los medios tecnológicos que los niños, niñas y adolescentes utilizan con mayor asiduidad (mensajes de texto, Facebook, alertas en buscadores, pautas en MSN).
  • Incluir la temática en los medios culturales que ellos y ellas consumen (programas de TV para preadolescentes, telenovelas juveniles, revistas de música, etcétera).

Para padres, madres y docentes

  • Involucrar a la escuela en el conocimiento y la prevención de las nuevas modalidades de violencia a través de las nuevas tecnologías y los factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad de niños, niñas y adolescentes.
  • Incidir en los programas curriculares de escuelas primarias y medias, incluyendo el uso responsables de las tecnologías como un eje temático transversal y no específicamente del área de informática.
  • Capacitar desde la formación inicial a los docentes, no solamente en las TIC como funcionalidad, sino respecto de qué problemáticas implica su uso. Que no quede circunscripta la capacitación al docente de informática.
  • Orientar la inclusión del uso de TIC en el aula, sin restringirlas a un momento y lugar concreto como es el laboratorio de informática.
  • Procurar la naturalización del uso de la informática en la escuela, sin perder de vista lo presencial y vincular (blogs de padres, chat de ex alumnos, página web de la escuela, etcétera).
  • Incluir el uso responsable de TIC en la enseñanza de contenidos de ética y educación ciudadana para integrar los problemas derivados del uso de las mismas en un contexto amplio que contempla consecuencias, responsabilidades y obligaciones a largo plazo.
  • Proponer instancias de diálogo sobre la problemática de las TIC entre docentes y padres, en las reuniones de devolución de funcionamiento académico de los alumnos y alumnas y en talleres para padres.
  • Favorecer el acercamiento de padres y madres al uso de las tecnologías y promover el diálogo con sus hijos e hijas.

Para medios de comunicación y ámbitos de la sociedad en general

  • Relevar un mapping desde los chicos, chicas y adolescentes a fin de identificar personajes destacados (famosos, deportistas, referentes de personajes admirados por ellos) que tengan “credenciales tecnológicas” para cada segmento —según edad, nivel socioeconómico, vínculo tecnológico—, con la finalidad de crear un “equipo de sponsors del mensaje de responsabilidad en la interacción con las TIC.”
  • Generar campañas de concientización en alianza con los medios tradicionales publicitarios y también con empresas tecnológicas vinculadas a servicios de internet, software y telefonía, que a la vez las posicione como responsables socialmente, que puedan introducir mensajes en los programas y servicios tecnológicos más utilizados (juegos, videos, cíbers, buscadores, celulares).
  • Incentivar los contenidos que planteen el tema del uso responsable de las TIC a través de generación de prensa, notas, contenidos para TV, comerciales, libros, etc. Es una forma “natural” en la que los chicos se verán expuestos a la problemática a partir de los contenidos masivos que ya consumen.
  • Organizar y participar en congresos específicos o espacios dentro de otros encuentros académicos, culturales, para instalar la temática. De este modo se buscará incentivar el debate respecto de lo público y lo privado, el debate ético respecto de la tensión entre privacidad y protección de los padres respecto de los hijos y otros temas de análisis sociológico.
  • Generar convenios con los cíbers para que los dueños se afilien a una red de “navegación responsable” y dar pautas a los mismos para que sean parte de las acciones de prevención vinculadas al uso de tecnologías.

Para el Estado y el tercer sector:

  • Promover la creación de políticas públicas que abarquen el tema desde lo educativo y desde lo legal.
  • Incluir a otras organizaciones y dependencias del Estado en diferentes planes de incidencia (ministerios de Educación provinciales, Consejos del Menor y otras dependencias vinculadas a proteger los derechos de los niños, organizaciones vinculadas a infancia) desde campañas nacionales, capacitaciones puntuales, jornadas de debate, etc.
  • Favorecer que las organizaciones que trabajan en el tema se vinculen con otras y formen redes que potencien su tarea y sus recursos.

 

[1] Licenciado en Psicología y especialista en Adolescencia y Juventud, y Políticas Públicas de Juventud. Se desempeña como director de proyectos para temas de juventud de la Fundación Friedrich Ebert (FES) y como especialista en el Programa de Estudios de Juventud de la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).