HomeActividades para el aula y efeméridesVolver
Había una vez un país... en el sur
CD18
Civilización o barbarie - Actividades para el aula y efemérides | Actividades para el aula
Imprimir

Decía Sarmiento: "El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno, dentro de las ciudades; el otro, en las campañas". Así expresaba su pensamiento con respecto a los campos argentinos, en los que solamente veía el atraso y los restos del pasado colonial. En cambio, creía distinguir en las ciudades la semilla de la vida civilizada.

La madre de Sarmiento, Paula, había sido una hábil tejedora de telar. Con los ponchos y mantas que hacía y vendía pudo mantener a su familia. El telar estaba en el patio de la casa, debajo de esta higuera.

Retrato anónimo de Paula Albarracín.

Retrato anónimo de Paula Albarracín.

Retoño de la higuera de Paula Albarracín, en la casa natal de Sarmiento, en San Juan.

Retoño de la higuera de Paula Albarracín, en la casa natal de Sarmiento, en San Juan.

Leé este fragmento del libro Recuerdos de provincia, que escribió Sarmiento. ¿Cómo "modernizó" su casa?

[...] después del estrado y los santos, las miradas cayeron en mala hora sobre aquella higuera viviendo en medio del patio, descolorida y nudosa en fuerza de la sequedad y los años. Mirada por este lado la cuestión, la higuera estaba perdida en el concepto público; pecaba contra todas las reglas del decoro y de la decencia; pero, para mi madre, era una cuestión económica, a la par que afectaba su corazón profundamente. [...] Querían separarla de aquella su compañera en el albor de la vida y el ensayo primero de sus fuerzas. [...] La sentencia de la vieja higuera fue discutida dos años; y cuando su defensor, cansado de la eterna lucha, la abandonaba a su suerte, al aprestarse los preparativos de la ejecución, los sentimientos comprimidos en el corazón de mi madre estallaban con nueva fuerza, y se negaba obstinadamente a permitir la desaparición de aquel testigo y de aquella compañera de sus trabajos. Un día, empero, cuando las revocaciones del permiso dado habían perdido todo prestigio, oyóse el golpe mate del hacha en el tronco añoso del árbol, y el temblor de las hojas sacudidas por el choque, como los gemidos lastimeros de la víctima. [...] Los golpes del hacha higuericida sacudieron también el corazón de mi madre, las lágrimas asomaron a sus ojos, como la savia del árbol que se derramaba por la herida, y sus llantos respondieron al estremecimiento de las hojas; cada nuevo golpe traía un nuevo estallido de dolor, y mis hermanas y yo, arrepentidos de haber causado pena tan sentida, nos deshicimos en llanto, única reparación posible del daño comenzado. [...] Dos horas después la higuera yacía por tierra enseñando su copa blanquecina, a medida que las hojas, marchitándose, dejaban ver la armazón nudosa de aquella estructura que por tantos años había prestados su parte de protección a la familia.

Después de estas grandes reformas, la humilde habitación nuestra fue lenta y pobremente ampliándose. A los pies de nuestro solarcito, está un terreno espacioso que mi padre había comprado en un momento de holgura. A la edad de dieciséis años, era yo dependiente de una pequeña casa de comercio. Mi primer plan de operaciones y mis primeras economías, tuvieron por objeto rodear de tapias aquel terrreno para hacerlo productivo. Esta agregación de espacio puso a la familia a cubierto de la indigencia, sin hacerla traspasar los límites de la pobreza. [...] a la higuera sacrificada, se sucedieron en su afección cien arbolillos que su ojo maternal animaba en su crecimiento; más horas del día hubieron de consagrarse a la creación de aquel plantel, de aquella vida de que iba a depender en adelante gran parte de la subsistencia de la familia.

Sarmiento, D., Recuerdos de provincia (fragmento).

Sarmiento era un viajero curioso e inquieto. Todo lo que veía en esas tierras extrañas lo asombraba y maravillaba. Para no perderse ningún detalle, anotaba día a día cada cosa en este cuadernito. ¡Hasta se animaba a dibujar!

¿Qué representan los dibujitos?

Dibujo de Sarmiento.

En sus viajes a Estados Unidos, Sarmiento quedó maravillado con los trenes. Dicen que cuando viajaba en uno de ellos no se quedaba quieto ni un minuto, que iba de vagón en vagón mirando por las ventanillas, deslumbrado con todo lo que veía.

Estación de tren.

Durante su presidencia, Sarmiento se ocupó de extender las líneas férreas que ya se habían instalado en el gobierno de Mitre.

¿Será mejor el tren que la carreta? ¿Por qué?