HomeVolver
Había una vez un país... en el sur
CD18
La época de los abanicos - Actividades para el aula y efemérides | Actividades para el aula

Mensaje de Alejandro Piscitelli, gerente general de Educ.ar S.E.

Hasta ahora, el ciclo de introducción de las tecnologías informáticas en la escuela ha sido previsible y poco eficaz, y tal vez por eso los resultados dentro de las aulas suelen ser magros.

Frente a esto, es usual que comience la búsqueda de los responsables del fracaso. Se acusa sucesivamente a la falta de dinero, a la resistencia de los maestros, a la burocracia paralizante de la institución escolar. Sin embargo, nadie cuestiona las promesas de los promotores de la informática por las expectativas que generaron, y finalmente se atribuirá la culpa a las mismas computadoras.

Así, la única solución que suele hallarse al fracaso de proyectos de este tipo es comprar máquinas más poderosas y prometedoras que volverán a frustrar las expectativas puestas en ellas.

Este círculo vicioso podría romperse y convertirse en virtuoso si la alfabetización digital se concibiera sustentada por los siguientes puntos centrales: equipamiento, contenidos, formación docente y conexión a internet en las escuelas (la punta del hilo para una innovación sostenida). El ejemplo de Canadá y de otros países como Chile y Brasil, donde estos elementos se articularon, madura y creativamente, muestra el camino por recorrer. Hay que considerar, naturalmente, la idiosincrasia y las características de nuestros propios estilos para pensar y vivir.
Es importante que quede claro aquí que al tratar este asunto pretendemos ubicarnos en algún sitio equidistante entre la tecnofobia y la tecnofilia.

Es que no estamos a favor de la tecnología informática como panacea, como el recurso que cura todas las enfermedades de la educación; pero tampoco propugnamos una idea humanista débil y tendenciosa sobre ella. Lo cierto es que hay usos banales, usos posibilitadores y usos potenciadores de la tecnología informática. Pero los realmente valiosos, los potenciadores, son aquellos usos que permiten hacer aprendizajes imposibles e impensables sin la tecnología digital.

Acuñada por Fernando Flores a mediados de los años ochenta, la expresión que postula a la tecnología informática como “un manojo de conversaciones” es controversial pero contundente. Nos referimos con ella al carácter ontológicamente constitutivo de la palabra en la invención de los objetos, en su apropiación, tanto como en su eventual descrédito. Es decir, se trata de comprender que son las prácticas sociales las que inventan los objetos y no al revés.
Desde educ.ar, esta reflexión, esta conversación, se desarrolla a partir de un hacer. Son las acciones, los trabajos, las experiencias, las bases que sustentan nuestra investigación. Así, las hipótesis se transforman en desafíos y los resultados en descubrimientos. La Colección educ.ar, de la cual forma parte esta obra, las capacitaciones on line, la presentación de espacios con nuevas herramientas de internet, la investigación sobre el aprendizaje 1X1, son algunos de los proyectos que estamos llevando a cabo, a los que se suma un canal de televisión educativa del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, que está transmitiendo desde marzo de 2007. Este canal, denominado Encuentro, apunta a ser una herramienta tecnológica para contribuir a la igualdad educativa, acercando contenidos de excelencia a través de la pantalla a todos los habitantes de la Argentina. También apunta a ser un espacio inédito de convergencia de medios, ya que a través del sitio www.encuentro.gov.ar el público podrá encontrar recursos que le permitan multiplicar el valor de los contenidos televisivos, espacios para publicar en la pantalla sus propias producciones multimediales o para comentar en el marco de comunidades virtuales los temas y las propuestas de la programación.
También debería quedar claro que las computadoras, e internet particularmente, son la imprenta del siglo XXI, de modo que ejercicios computarizados, software de graficación, administradores de datos y simuladores científicos, procesadores de palabras y software de diagnóstico son invenciones fundamentales que se inscriben en la legión de las innovaciones tecnológicas de uso educativo duraderas. Tienen un lugar innegable junto al papel, el lápiz, la regla, la calculadora y el retroproyector.

En conclusión, bajar un programita de la red o escribir un paper con material encontrado al azar no tiene nada que ver con nuestros ideales de una sociedad informacional en la cual podamos pasar efectivamente del paradigma de transmisión al paradigma de transacción de la información.

Existe toda una concepción del conocimiento (su construcción colectiva y sus usos en tanto “conocedores”, pero también como ciudadanos) que no se adquiere a través de la computación: como todo educador sabe, la educación es un proceso que involucra en todos los planos y niveles a las personas. Es cierto que los chicos y los jóvenes aman a las máquinas, pero lo que realmente necesitan para aprender es a las personas.

Tal vez podemos elaborar hipótesis y aventurar que con máquinas mucho más poderosas, interfaces más intuitivas, modelos neuronales de aprendizaje y, sobre todo, con una habilidad creciente de vinculación entre la gente y las máquinas, llegará el momento en que aprendamos a aprender máquinas mediante.

Lo cierto es que ese momento aún no ha llegado, y que mientras hacemos lo posible por acelerar su tiempo tendremos que concentrarnos en compatibilizar las potencialidades humanas y las de las tecnologías digitales, sumando imaginación a los usos computacionales que permitan mejorar nuestras capacidades.

Un afectuoso saludo,

Alejandro Piscitelli
Gerente General de Educ.ar S. E.