
Mensaje de salutación y de despedida de la gestión 2003/2007 del gerente general de Educ.ar S. E.
Recorriendo un largo camino
Cuando asumimos la dirección de Educ.ar S. E., a mediados del año 2003, la Argentina de ese entonces era tan diferente institucional, política, económica y culturalmente de la que estamos viviendo hoy como diferentes eran los usos de las tecnologías en las aulas, diferente era la cantidad de usuarios convertidos a internet, diferentes eran las herramientas y tecnologías disponibles en los hogares y, sobre todo, muy diferente era la ecología de los medios en un mundo siempre cambiante pero acelerado y al mismo tiempo polarizado, fragmentado, dividido, confundido.
educ.ar había sido creado a mediados del año 2000 gracias a la donación de Martín Varsavsky. Por eso, cuando nosotros tomamos su conducción ya había vivido tres largos años, golpeada por una historia política convulsionada, por una debacle económica sin fin y por una sensación de anomia y de disgregación del Estado que no podría haber dejado de afectar en forma particular a este enclave del Ministerio de Educación.
Cuando llegamos a educ.ar con un pequeño equipo que contaba en sus filas con Laura Serra y Patricia Pomiés –cuyos aportes están inscriptos en forma indeleble en el adn organizacional de educ.ar– sabíamos qué debíamos hacer pero no teníamos demasiado claro cómo hacerlo, manejábamos con eficiencia las herramientas digitales pero desconocíamos cómo podía ser su implementación a escala en las aulas. Y si bien traíamos en nuestras faltriqueras mucha experiencia de trabajo en organizaciones y en temas de educacion digital, desconocíamos las minucias, los engranajes, los formatos y acoples que debían darse desde una institución como esta para que finalmente los deseos y necesidades de los docentes fueran escuchados y convertidos en herramientas eficaces de transformación del trabajo en el aula, y al mismo tiempo ser capaces de respetar los ritmos y capacidades de los alumnos, los que –nativos digitales en su mayoría– muchas veces están en disidencia con el currículo tradicional y con los formatos históricos de transmisión y aculturación.
Teníamos un objetivo: trabajar para y con los docentes en explorar los mejores usos de la tecnología en la educación.
Partimos en este difícil viaje con dos consignas: no reinventar la rueda, recuperar todo lo existente –hecho por quien fuere (público o privado, ONG e individuos), siempre que cumplieran estándares mínimos de calidad–, y potenciarlo, escalarlo y articularlo como solo se puede hacer desde la esfera estatal.
Para ello contamos con la colaboración invalorable de un puñado de funcionarios provenientes de la anterior gestión que han crecido enormemente desde el punto de vista profesional, y han sido dinamizadores clave en la actual gestión.
Nuestra segunda consigna fue generar una panoplia y variedad de instrumentos, teorías, artefactos y dispositivos que allanaran la tarea del docente, le permitieran dar saltos ágiles y tomar atajos para mejorar su labor y al mismo tiempo poder entablar conversaciones con generaciones de chicos que difieren de ellos en forma notable por su dieta cultural, por su dieta cognitiva y sobre todo por su voluntad de autoformarse como ninguna generación la tuvo antes.
En esta tarea contamos con innumerables aliados –siempre encarnados en personas concretas– que aparecen una y otra vez en este CD. Empresas y notables, trabajadores rasos y miembros del cognitariado que han conformado un conjunto de actores que está cambiando en forma decisiva cómo podemos imaginar y construir la educación en el siglo xxi.
Probamos diversos caminos, nos equivocamos unas cuantas veces, avanzamos más lentamente de lo que nos hubiese gustado, dejamos cosas en el tintero, desaprovechamos algunas oportunidades y finalmente llegamos a un resultado digno, que esperamos será mejorado durante la próxima gestión.
Los productos/procesos
Desarrollamos 20 títulos de CD, que han sido pedidos por los docentes a un promedio de 50.000 unidades por título. Llegamos así a la asombrosa cifra de 1 millón de CD entregados.
Incrementamos fuertemente los contenidos del portal (y su calidad), y al día de hoy contamos con más de 15.000 objetos complejos de aprendizaje.
Diseñamos, clarificamos y ordenamos nuestra oferta de cursos de e-learning, y durante la segunda parte de nuestra gestión capacitamos a 13.000 docentes.
Exploramos todo tipo de instrumentos digitales para la mejor enseñanza: weblogs, e-learning, webquest, foros, podcast, herramientas colaborativas, experiencias 1 a 1, etc.
Aumentamos las visitas al portal más de 13 veces: pasaron de 150.000 mensuales a casi 2 millones.
Cambiamos por primera vez el administrador de contenidos, convirtiendo a nuestro portal en el primero en ser totalmente compatible con la Web 2.0 en América Latina, para ocupar de este modo un lugar relevante en la conducción colectiva de la red de portales Relpe, que contribuimos a fundar.
Hicimos nuestros primeros pasos en la convergencia digital con la televisión, descubriendo cuán difícil es maridar lenguajes, conceptos y formatos de un medio que se va junto a otro que viene, aunque la remediación nos enseña que ningún nuevo medio borra al anterior sino que lo resignifica y lo recrea.
Una organización es tan buena como su gente y tan productiva como su capacidad de leer su entorno. Especialmente, conformamos una comunidad de profesionales, un estilo de trabajo, y un formato institucional extraordinario que aprovechando las ventajas comparativas de una sociedad del Estado, limando las limitaciones de la forma estatal y dialogando permanentemente con el entorno nacional e internacional, con el círculo de docentes y con las presiones de los alumnos, con un apoyo político inusual y duradero conforma la comunidad educ.ar tal cual existe a fines del año 2007.
A todos los que nos apoyaron y nos siguen apoyando, a todos los que sufrieron y gozaron con nosotros la reinvención de esta institución única. A Cecilia Sagol, Viviana Dehaes, Mayra Botta, Juan Alberto Jolis, Inés Roggi y toda la gente que los acompaña. A Claudia Schepes por su invalorable ayuda en los más diversos temas, siempre, con una sonrisa. A la recientemente llegada pero pieza clave en el aseguramiento institucional de la reinvención cual es Marcela Agnese.
Muy especialmente al señor ministro, Lic. Daniel Filmus, al vicepresidente de la sociedad, Lic. Gustavo Peyrano, a los miembros del Directorio y a Juan Carlos Tedesco, cuya visión nos ha guiado en más de una ocasión. A los señores síndicos y al auditor interno del ministerio, Horacio Molina.
A todos, mi más duradero y enfático agradecimiento por habernos acompañado en estos fructíferos, creativos y desafiantes cuatro años.
Alejandro Piscitelli, miembro del Directorio y gerente general de Educ.ar S. E.