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Entrevistas

Silvina Gvirtz : "La escuela, la única institución capaz de enseñar a discernir entre datos verdaderos y datos falsos"

Silvina Gvirtz reconocida especialista en educación, investigadora y autora de varios libros, integra también el Comité Académico Asesor de educ.ar. La entrevistamos en nuestra sede, y volcó en esa charla algunas de sus motivantes ideas, preocupaciones y propuestas para los desafíos que presenta hoy la educación en nuestro país.

—Como directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, ¿podría sintetizar qué tipo de aptitudes y competencias debe tener un formador del siglo XXI?

Silvina Gvirtz:
—Tiene que ser una persona flexible, capaz de adherir al conocido lema "lo único constante es el cambio". Por ello los contenidos que hay que transmitir tienen que tener un núcleo básico de saberes más vinculados a la formación de competencias y menos a la transmisión de información. En cuanto a cómo deberían transmitir el saber, creo que nosotros todavía seguimos vinculados a modos de transmisión tradicionales, que no se ajustan a la formación de competencias que queremos brindar. Esto produce muchas tensiones entre lo que se quiere enseñar como contenido y el modo en que se lo transmite efectivamente. A su vez un formador del siglo XXI tiene que poder enseñar con modalidades no tradicionales.

Por último un formador tiene que saber y poder trabajar en equipo, tiene que ejercer el liderazgo, conocer herramientas de gestión, saber resolver problemas. Tiene que poseer además habilidades comunicacionales, tanto en el lenguaje oral como en el lenguaje escrito, y comprender otra serie de lenguajes, como el artístico. Asimismo es fundamental el dominio de otros idiomas y de algunos saberes complementarios.

—La Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés ofrece becas para la realización de cursos de actualización docente. En su opinión, ¿qué aspectos deben ser tomados en cuenta a la hora de planificar un programa de actualización docente? ¿En qué aspectos ahonda el programa de actualización docente que Uds. ofrecen?

—Ante todo, lo que yo siempre intento aclarar es que la Escuela de Educación sostiene (y con esfuerzo) becas para acceder a cualquiera de sus programas y que hay más de un 70% de estudiantes con becas. ¿Por qué? Porque lo que tiene que interesar a la formación docente es el mérito académico y la capacidad para estudiar, y no el nivel económico de los alumnos.

La actualización docente se entiende en forma amplia. Se ofrece a los docentes distintos tipos de formación: una es de posgrado, una formación más sistemática y a largo plazo, basada en una transformación general de los saberes y competencias del docente; otra es la generalmente conocida como "actualización docente", que consiste en cursos breves, sobre temas específicos y del día a día.

Es importante distinguir entre los saberes que uno incluye en la formación de posgrado y los que incluye en un programa de actualización docente. La actualización docente contiene saberes profesionales y contenidos que se pueden aprender en poco tiempo y provienen de avances en el ambiente profesional, académico y científico; por ejemplo: cuando surgió Internet fue necesario capacitar a los docentes para su uso. Estos nuevos saberes no ameritan la cursada de un posgrado de dos años, ni la elaboración de una tesis.

¿Cómo debería ser la actualización docente? Creo que la actualización docente, en nuestro país, debería cambiar. La primera pregunta que deberíamos contestarnos es: ¿quiénes deberían ser formadores de formadores? Y la respuesta, a mi juicio, es: gente muy formada, porque los docentes sienten que aquellos que les dan clases, muchas veces, no están a la altura de los alumnos que ellos luego aspiran formar. Entonces, además de ser gente con un nivel muy alto de formación, deben poseer mucha experiencia de aula, porque difícilmente podrían enseñarle a un docente cómo tiene que actuar en el aula si ellos mismos no han pasado por la experiencia.

En tercer lugar, hay que acercar muchísimo más la actualización a la escuela y alejarla de centros creados ad hoc para la capacitación docente. Es muy distinto mostrarle a un docente cómo mejorar su clase en un lugar alejado de la escuela, que enseñarle a un docente a mejorar su enseñanza adentro del aula real con los docentes reales y con los chicos. Las propuestas recientes para la capacitación docente llevan a los capacitadores a las propias escuelas y no propician la creación de centros que, al contrario, sacan a los docentes del aula.

—¿Cómo cree que afecta la lectura digital a la construcción del conocimiento? ¿Cree que una mayor cantidad de fuentes de información favorece una mejor gestión de la información?

—No necesariamente. Yo creo que hoy en la formación profesional de maestros, de licenciados y de estudiantes de posgrado falta enseñar a gestionar el conocimiento por fuera de la escuela. Creo que este es un problema fuerte de la formación docente, y que hay que empezar a trabajarlo en las escuelas. Es también una de las grandes diferencias con la escuela del siglo pasado o la escuela tradicional. La escuela tradicional que surge en 1880 en nuestro país operaba sobre la base de la transmisión de información a la que los estudiantes no accedían de otro modo; la escuela era un centro de distribución de información. Hoy la información se encuentra en todas partes; hay un exceso de información y el desafío es enseñar a procesarla y a discernir cuál es la información relevante y útil y cuál no la es a fin de resolver los problemas a los que se enfrentan las personas en su vida laboral, política, social e individual. La escuela no tiene que trasmitir solamente información, sino que tiene que enseñar a procesar esa información.

Aquí creo que la escuela tiene su mayor desafío. ¿Por qué digo esto? Porque los medios de comunicación masiva no enseñan a procesar información, sino que ofrecen información procesada de una determinada manera. La única institución capaz de enseñar a pensar, de enseñar a discernir entre datos verdaderos y datos falsos, de enseñar a resolver problemas es la escuela.

La escuela tiene una función específica en la sociedad de hoy. El asunto es que consiga asumir esa función, que pueda transformar la función que tradicionalmente cumplía –la de transmisión– y logre enseñar a procesar y a producir información nueva. En la medida en que la escuela consiga esto se ubicará como una institución central para los siglos XXI y XXII. Algunas escuelas consiguen asumir este nuevo rol, otras no.

—En su artículo "El desafío de la diversidad" publicado el 10/03/03 en el diario La Nación, Ud. plantea que nuestro sistema educativo de antaño se caracterizaba por la diversidad y que con el transcurso del tiempo, por distintas razones, esa heterogeneidad fue perdiéndose. Por ello Ud. alienta a imaginar nuevas estrategias para resolver esa cuestión. ¿Considera que la incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación en el aula puede ser una de las nuevas estrategias para afrontar el desafío de la diversidad?

—Creo que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación son medios muy propicios del respeto por la diversidad manteniendo la equidad. La escuela, antes y aun hoy, trabaja en función de un alumno promedio: los muy inteligentes y los que tenían dificultades de aprendizaje eran poco considerados. Lo ideal, sería desplegar estrategias de enseñanza para atender a estos diversos grupos en simultáneo. Aquí las nuevas tecnologías pueden ayudar: permitiendo la realización de ejercicios en distintos tiempos y la resolución de distintos problemas. Los profesores de nuevas tecnologías están a la vanguardia de lo que serían las nuevas estrategias de enseñanza, porque no se preocupan por sentar a todos los chicos alrededor y hablar ellos, sino que reúnen a los chicos en distintos grupos y cada grupo puede tener tareas distintas. El profesor no se preocupa porque un alumno haga una cosa y otro alumno otra, sino que, por el contrario, piensa que cada uno resuelve las cosas a su manera. A su vez todas estas nuevas estrategias de trabajo en grupo, que permiten hacer tareas distintas al mismo tiempo, son técnicas que favorecen el desarrollo de la diversidad.
¿Por qué digo diversidad con equidad? Porque en realidad para que estas tareas sean socialmente relevantes en una sociedad democrática, tienen que tener todas el mismo valor. Si a un estudiante se le enseña a leer y a escribir y a otro macramé, no se están impartiendo conocimientos equivalentes. Pero si, por ejemplo, con las computadoras algunos alumnos están trabajando en Word y otros en Excel, en ese caso se manejan contenidos comparables. Luego los que están aprendiendo Word aprenderán Excel y viceversa, respetando los tiempos de aprendizaje de los estudiantes.

El tema de la heterogeneidad puede verse también desde otro ángulo. Antes la escuela aglutinaba a estudiantes de poblaciones carenciadas y no carenciadas, hijos de inmigrantes y criollos. Era entonces una escuela que reunía a distintas poblaciones, y hacía que de hecho se respetara la diversidad. La diversidad no era una premisa moral expuesta por el profesor, sino que era el respeto que todos tenían por el otro al salir al recreo y al jugar juntos. Y esto era un valor muy importante en la construcción de una sociedad democrática.
Con el tiempo y con el proceso de privatización, esto se fue perdiendo y las escuelas se fueron convirtiendo cada vez más en lugares homogéneos donde las distintas escuelas albergan distintos tipos de personas y ellas no se mezclan entre sí. Esto provoca una segmentación en el sistema, donde la valoración del otro se traduce en un discurso y no se concreta en la práctica. Las nuevas tecnologías, al reunir gente en chats, en foros de discusión, en los que no se ven las caras, no se conocen los orígenes, permite que los chicos de los lugares más diversos se encuentren, porque el espacio deja de ser un problema. Entonces esto vuelve a permitir la convivencia de la heterogeneidad en un mismo sitio, en este caso virtual, y favorece muchísimo la integración y a su vez la diversidad y la construcción de sociedades democráticas.

—En varios estudios usted pone énfasis en la relación que existe entre los libros de texto de la escuela y la construcción de la ciudadanía de un país. O sea que ve una notable impronta estatal en las prácticas de lectura y formación de un país ¿Cómo cree que la lectura digital y descontextualizada afecta este tipo de construcciones y arraigos en los lectores?¿Existe para Ud. esa misma impronta estatal en los contenidos on line? ¿Se debería proponer una política de contenidos on line desde el Estado?

—La ventaja que tienen los contenidos on line es que son diversos, y no se hallan regulados. Y esto es de por sí bueno. Lo que creo es que debe ser función de la escuela enseñar a los chicos a distinguir páginas web donde la información es verdadera de páginas web donde la información es falsa, páginas web que reflejan una u otra mirada. La idea es trabajar sobre eso más que sobre la regulación o la prohibición de contenidos.
Esto se refleja si uno mira la evolución de los libros de texto en la Argentina. Uno ve, por ejemplo, que entre la década del 30 y la década del 80 la pertinencia de los libros de texto era muy pobre. En la década del 70 y del 80 todavía se usaban libros de la década del 30. Algunas investigaciones se preguntaban por qué sucedía eso. Resultó que existían comisiones que avalaban o descalificaban la aparición de ciertos libros de textos en las escuelas. Los libros que podían circular en las escuelas debían decir "aprobados por el Consejo Nacional de Educación", o "aprobados por el Consejo provincial" o "aprobados por el Ministerio de Educación", y eso restringía mucho la producción de libros de texto porque era difícil que un libro fuera aprobado. Las editoriales entonces reeditaban los libros viejos.

En la década del 80, con el advenimiento de la democracia, se dejó sin efecto esa medida y apareció una producción muy interesante de libros de texto, producciones nuevas, diferentes entre sí, con distintos contenidos ideológicos, que ayudó a que pudiera haber una mayor libertad para elegir los libros y además ayudó que hubiera diversidad en los contenidos que se enseñaban.

Entonces, ¿qué es lo que tendría que hacer el Estado? Por supuesto garantizar que los libros no tengan ni errores técnicos, ni contenidos que vayan ideológicamente contra los valores democráticos, y apoyar en épocas de crisis a las editoriales que tienen problemas para seguir funcionando (por ejemplo, entre el 2000 y 2001 cerraron muchas editoriales chicas). No es saludable que las grandes editoriales acaparen una mayor porción del mercado de las escuelas primarias y medias. Es mejor la diversidad que existe por la participación de editoriales más chicas.

En este sentido el Estado debería apoyar la existencia de una amplia diversidad en la producción de libros. En los 80 hubo una desregulación del mercado editorial que se vio plasmada en los 90, y esto en mi opinión debería mantenerse. Es algo que sí tiene Internet.

Lo que sucede es que hay que ser cuidadoso respecto de cómo se enseña el uso de Internet en la escuela; claramente, no es a partir de la prohibición.

—Nos gustaría que nos cuente acerca de su último libro Imágenes de nuestra escuela. Argentina, 1900-1960. ¿Por qué las imágenes, qué representan?

—Bueno, en rigor, mi último libro es muy reciente, salió en EE.UU., editado por Routledge Falmer. Se llama Crisis y esperanza, el caleidoscopio educacional de Latinoamérica, y varios de sus artículos tratan sobre lo que significaron las reformas de los 90 en materia de política educativa en América Latina.

El último libro que salió en Argentina es Imágenes de nuestra escuela, es un libro de fotos. No es un libro técnico como el antes mencionado, sino que es un libro cuyo objetivo es mostrar a través de imágenes cómo fue cambiando la escuela en la Argentina, qué se mantiene y qué no se mantiene. Busca asimismo dar respuesta en imágenes a ciertos prejuicios o estereotipos que existen sobre la educación.

Por ejemplo se dice: "desde hace 150 años que la educación en Argentina está igual" y si uno mira esas fotos se da cuenta de que no es así, que había modos de disciplinamiento del cuerpo, modos de comportarse de los chicos en el aula; que había contenidos que se enseñaban antes que hoy no se enseñan y que es mentira que la escuela no cambió y que la escuela sigue igual. También es un modo de refutar la idea de que la escuela antes era mejor que ahora, porque se dice "antes no había errores de ortografía y hoy sí", entonces mostramos cuadernos antiguos en donde se ven los errores de ortografía. Mostramos también que había preocupaciones por ciertos contenidos que hoy nos parecen completamente irrelevantes. En fin vale la pena repensar esta premisa "antes era mejor que ahora", que es muy difícil de sostener discursivamente. O por ejemplo, se dice "antes los maestros no hacían huelga" y mostramos maestras en paro porque estuvieron un año sin cobrar el salario.

Hay cosas en las que la escuela cambió, pero también hay cosas que se conservan, como por ejemplo los juegos en los recreos, el elástico, las rondas, "martín pescador me dejarás pasar", el guardapolvo, etcétera.
El libro trata, por un lado, de establecer vínculos interesantes entre abuelos, padres y nietos, porque la idea es que todos juntos miren el libro; trata de establecer vínculos más interesantes entre el pasado y el presente que no sean vínculos de competitividad o de conflictividad, sino vínculos que permitan ver cómo hay cosas del pasado que aún hoy son significativas e importantes, y que hay cosas que cambiaron, pero ni para mejor ni peor, simplemente porque estamos en otro momento de la historia.

—¿Considera a la imagen como un lenguaje que favorece los aprendizajes?

—Sí. Hay trabajos muy lindos acerca de la imagen. La imagen es un lenguaje que hoy tenemos que estudiar porque está presente en nuestra vida cotidiana y no cotidiana. No estudiar la imagen equivaldría a lo que antes era no saber leer y escribir. La imagen tiene códigos propios, por eso es tan importante estudiar arte, pintura y música en la escuela.

Son distintos lenguajes que nos permiten comunicarnos de otro modo tan importante como el verbal. Y el problema es que la enseñanza de la pintura, de la escultura en la escuela está más asociada al aprendizaje memorístico de autores o a conocer tradiciones de un país, que a aprender lenguajes que nos permitan comunicarnos de un modo distinto. Yo creo que el objetivo de estas materias que hoy son centrales en el aprendizaje tiene que ver con poder captar nuevos códigos de comunicación en nuestra vida profesional, cotidiana y política. En la medida en que aprendamos estos códigos, vamos a entender lecturas distintas de la televisión, del cine, de la publicidad, entenderemos lo que antes se llamaba mensajes subliminales; entenderemos otros universos.

Fecha: diciembre de 2003

Fotografías del libro "Imágenes de nuestra escuela. Argentina, 1900-1960".


Desfile de escolares en el Parque Centenario. 1925.


Las niñas con sus impecables moños blancos, en el salón de actos.


Fiesta patria. Córdoba, 1922.


Clase de cocina en 5° grado.1933.


Clase de dibujo, alumnos copian un modelo.


Celebración del Día de la Bandera. 1939.


Alumnas del Normal N°1 Roque Saénz Peña. 1910.


Maestras reclaman por sueldos atrasados. San Juan, 1931.


Las maestras en los ejercicios físicos.


Un recreo de niñas.


Alumnos de jardín reciben la vacunación antipolio. 1966.


Alumnos forman fila para recibir su copa de leche

 
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