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Educación y TIC

El tiempo de los cyber en Río Gallegos

Por Alfredo Fernández

Ya el fenómeno había explotado en las principales ciudades de la Argentina, y como no podía ser de otro modo, Río Gallegos puede ser hoy incluida entre las localidades con mayor presencia de este tipo de locales. Cada día aumenta el número de comercios que abren sus puertas con esta oferta. Los niños y jóvenes lo aprovechan como un espacio de recreación diferente al que ocupaban hace algunos años.
Los Cyber o cybercafés ya no pueden ser tomados en cuenta como meros lugares donde los adolescentes incursionan en la red para conectarse, informarse y descubrir nuevos amigos, pues estos locales ya se han constituido en nuevos espacios culturales, donde la socialización presenta interesantes y novedosos modos de comunicación.

En primer lugar se debe ampliar el target de consumo de este rubro; no sólo concurren a estos locales jóvenes adolescentes, la demanda incluye en la actualidad toda la franja etaria, incluso superando barreras socioculturales que hasta no hace mucho tiempo parecían infranqueables.

En los más de 40 cyber locales que se encuentran ya habilitados en nuestra ciudad, es posible observar una variada gama de personas que utilizan los servicios que en ellos se ofrecen: niños, adolescentes y adultos asisten para ocupar su tiempo de ocio e incluso para desarrollar sus tareas profesionales, en algunos casos hasta altas horas de la madrugada.

Es interesante observar ciertas particularidades que ofrecen estos nuevos espacios de comunicación. Al respecto y teniendo en cuenta la composición socioeconómica de la concurrencia de acuerdo a la ubicación de los cyber, se pueden señalar algunas particularidades obtenidas luego de una simple observación comparativa realizada en locales del centro de la ciudad y de los barrios periféricos.

Justamente en unos de estos comercios situados en una zona cercada por hoteles, céntricos que solamente cierra sus puertas los domingos por la mañana, es posible ver como en sus 16 PC teclean y clickean adultos y jóvenes, confundidos con los numerosos turistas que se acercan para chatear con sus familias y amigos (cámaras web por medio) o para descargar los archivos de sus cámaras fotográficas digitales.

Muchos de los concurrentes, mayoritariamente del sexo masculino, llegan con sus propias computadoras portátiles para utilizar la conexión a Internet y así desarrollar sus actividades profesionales. Los diarios on line, los buscadores como yahoo y google, los sitios de compra venta y el difundido messenger son las páginas más visitadas en este cyber urbano, donde el clima tranquilo y silencioso puede percibirse en cualquier momento del día.

La mayoría de las máquinas son utilizadas por adultos. Pocos niños y algunos adolescentes. Estos últimos a veces por cuestiones de estudios son los únicos más jóvenes que se distinguen entre una concurrencia adulta. Entre los adultos que asisten para chatear -a veces sin tener con quién- muchos buscan en los canales de chat públicos diferentes salas temáticas.

Otra práctica particular es la que se observa con gente que pide reservar algunas máquinas con horarios determinados, ya que han quedado con sus amigos o parientes chatear a determinada hora. Incluso asisten con los niños y las familias completas para que los vean desde otros lugares del mundo. En estos casos mayormente las mujeres son quienes chatean, y los varones cuidan a los chicos o se retiran mientras la mujer se queda en el cyber. A veces los adultos se abstraen tanto en su chat que se olvidan de los hijos, quienes aprovechan para corretear por el lugar sin la mirada de sus padres.

No muchos comen allí, pero sí piden café o cerveza mientras chatean o navegan. Muchas personas que piden sitios de solas y solos, además piden papel y lapiz para anotar datos, direcciones, teléfonos.

Pero, ¿qué público es el que asiste a un cyber o un locutorio? Generalmente son quienes no tienen internet en su hogar por razones económicas, pero también quienes pudiendo pagar en su casa una conexión no lo hacen para no tener problemas con sus hijos (que no se queden todo el tiempo chateando).

Para establecer la propuesta comparativa, otra mirada se realiza en un local cibernético situado en uno de los barrios más populares de la ciudad. Allí la oferta tecnológica se eleva a 21 máquinas totalmente equipadas con mousses ópticos, cámaras web de última generación y poderosos procesadores que permiten a su joven concurrencia jugar en red a máxima velocidad. Es está práctica la más utilizada por los niños y jóvenes de variadas edades y de ambos géneros, quienes incluso conforman equipos “deportivos” que ya han representado a la provincia en encuentros nacionales e internacionales del juego de moda (el “Counter Strike “: se trata de un juego de guerra y terrorismo, que en Europa y EE.UU se lo considera una práctica deportiva).
Aquí existe cierto grado de socialización entre los asistentes; los adolescentes que juegan en red, gritan y hablan al compás del desarrollo del juego que comparten. Los mayores comparten en algunos casos sus emociones con los encargados, comentando por ejemplo la alegría por tener la posibilidad de observar en la pantalla y conversar con una hermana que vive en Australia y que hacía más de 20 años que no veía Los costos de uso – de 1 a 2 pesos la hora – se incrementan hacia los horarios nocturnos. Este Cyber -en particular- tiene un software que permite contar con créditos en una cuenta personal que fracciona el tiempo utilizado, de pago previo.

Los horarios nocturnos no hacen reducir la cantidad de asistentes, sino todo lo contrario. Por la noche es cuando más ocupación existe. En función de la ubicación de los locales –ya que algunos están muy cerca de algunas escuelas- desde la tarde ya existen grandes grupos de niños y jóvenes jugando en red y pasando varias horas fuera de casa.

¿Qué espacios reemplazan estos cyber? No se puede responder de manera taxativa a esta pregunta. Sin embargo se podría afirmar que los anteriores espacios de juego y recreación –la calle, la cancha de fútbol- se han trasladado a estos sitios. No puede asegurarse que sean para una exclusiva clase social; sólo basta con recorrer la periferia de la ciudad para observar la magnitud del fenómeno.

Más allá de las diferencias que se destacan entre estos tipos de negocios, la vigencia de los mismos y la integración a la cultura popular es ya indiscutible. Solo falta conocer hasta que punto pueden crecer y en que medida concluirán variando usos y costumbres de nuestra gente, que ya ha incorporado definitivamente los cyber a su vida cotidiana.

Luis A. Cardo
Alfredo O. Fernández

UARG-UNPA.

 
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