
Educación y TIC
Introducción a una entrevista inusual. Scott Lash habla para educ.ar
Por Alejandro Piscitelli
¿Qué tiene que saber un docente del tercer milenio para hilvanar la memoria histórica, atender a su contradictorio presente y prever un futuro inasible pero no por ello menos imaginable y deseable?
Mientras que durante siglos o milenios "lo que debía ser sabido" se codificaba en enciclopedias y manuales, en pensum y currícula, en contenidos básicos mínimos o máximos, en el curso de las últimas dos décadas hemos visto desmoronarse el entero contenido del saberr y la geografía del conocimiento se deshoja como una margarita.
Sistemas supuestamente completos y decisivos como la notación decimal de Milton Dewey para clasificar los libros por categorías y rubros, entradas alfabéticas en las enciclopedias, desde la Británica hasta la Encarta, formas de representar el conocimiento como la versión canónica de la tabla de Mendeleyev son cuestionadas, no sirven a sus propósitos originales, son desafiadas por cierta forma de ordenar el desorden que termina privilegiando esta última figura sobre la primera, para sorpresa de más de uno.
Para investigadores como Dave Weinberger en Everything is miscellaneous. The power of the new digital disorder, el ingreso pleno de más de 1100 millones de personas a internet, entre otras cosas lo que está haciendo es facetar el acceso al conocimiento liquidando para siempre la figura de la fijeza, la seriedad y la inalterabilidad propia del mundo analógico.
La digitalizacion de casi todo tiene, entre otras consecuencias, la posibilidad de abrir infinitos frentes para entender un tema, cuestión o problema, separándonos para siempre de visiones canónicas, únicas e indiscutibles.
Respondiendo a esta recategorización del mundo y de las propias etiquetas que hasta hace poco trataban de asirlo en forma inalterable, la pregunta que hicimos al principio se vuelve mucho más ambigua y difícilmente contestable.
Por supuesto que un docente tiene que saber el abc de su disciplina, pero también debe seguir sus mutaciones y cambios. Por supuesto que un docente tiene que ser capaz de traducir los formalismos y las notaciones más abstractas bajándolos a las capacidades receptivas de sus educandos. Pero en la medida en que estos muchas veces saben mucho más que el docente por vías no textuales, entonces la operación de traducción también deja de ser unívoca y ya no sigue más la escala de mayor a menor densidad cognitiva o explicativa.
Todo este largo preámbulo -que habrá que seguir profundizando en distintos planos- viene a cuenta de por qué hemos decidido hoy regalarles a los docentes que navegan por la Web esta entrevista a uno de los sociólogos más talentosos y creativos de la actualidad.
Nos referimos a Scott Lash, a quien tuvimos el enorme privilegio y alegría de conocer personalmente a fines del año 2006, y a quien entrevistamos en ocasión de visita Santiago de Chile para asistir a un seminario inusual y heteróclito.
Si algo -aunque hay muchos otros elementos de no menor valía- llama la atención en esta entrevista es el carácter polifacético, descarnado, abierto y profundamente "denso" de los temas implicados en la reflexión y en la práctica de Lash.
A distancia infinita del cartesianismo y de la limpieza epistemológica que todavía hoy le es propia, pensando mientras habla y hablando mientras piensa, Lash se nos presenta bajo la figura de un académico-actor social, la de un sociólogo bisagra igualmente cómodo e incómodo en la reflexión como en la acción.
En la era de las taxonomías rígidas y fijas, un pensamiento en construcción, retratado en sus balbuceos y puesta en marcha no debería ser la dieta cognitiva para darle a un maestro, que suficientes problemas tiene ya con un mundo cambiante y una realidad fatigante.
Sin embargo, consecuentes con la política de educ.ar en estos últimos años de no bajar la guardia, de no ceder ante los retos de la complejidad y de poner a disposición de los docentes los últimos gritos de la moda, pero también la densidad de una reflexión que no se entrega a las fórmulas vacías ni a los simplismos retóricos, les ofrecemos en esta ocasión una entrevista bastante diferente de las habituales, pero no por ello menos rica como disparador reflexivo y como inspiración para actuar en el aula de un modo mucho más libre y dinámico. Que la disfruten tanto como nosotros lo hicimos al hacerla.